| Antología de poetas y prosistas españoles |
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Montero Alonso, José (1930). Antología de poetas y prosistas españoles. (Madrid, Renacimiento). Edición facsímil con prólogo de José Montero Reguera y Alexia Dotras Bravo (2009). (Vigo, Tórculo Artes Gráficas) 450 pp. Alguna vez se ha calificado nuestra civilización como la del desperdicio y realmente son hoy numerosos los productos de usar y tirar, que van desde los teléfonos móviles a muchos libros, que tienen un éxito inmediato, pero que al poco tiempo aparecen en las ferias de libros antiguos a un mínimo precio. No ocurre eso con los clásicos, con aquellos libros que, por diversas circunstancias, han acertado en el tratamiento de alguna de las dimensiones del ser humano, libros que, por ello, siguen leyéndose con interés. Esto es, precisamente, lo que ocurre con el libro de Montero Alonso Antología de poetas y prosistas españoles, publicado en 1930, y que, a pesar de la juventud que entonces tenía su autor, se convirtió inmediatamente en un trabajo necesario para cualquier historia de los libros destinados a la infancia, pues se trata de la primera antología galardonada con la máxima distinción literaria española de entonces: el Premio Nacional de Literatura en su convocatoria de 1928. Esta condición clásica, de un libro que muchos hemos leído hace tiempo en el bachillerato, explica que hoy aparezca una reedición facsímil, a la que se suma un prólogo contextualizador, que firma, junto con otra autora, un nieto de Montero. Es de agradecer tanto a la editorial como a los prologuistas el esfuerzo realizado para poner de nuevo en el mercado una obra que sobresalió por recoger lo mejor de nuestra poesía, pasando por encima de las modas transitorias. Comenzaré diciendo que Montero Alonso tuvo una larga trayectoria vital (murió en Madrid en el 2000, con 96 años) en la que se inició como periodista en semanarios de prensa gráfica, donde empezó primero como auxiliar en la secretaría, para atender visitas y poner pies a las fotografías. Poco a poco fue publicando sus primeros trabajos con firma y alcanzando una pequeña notoriedad en el Madrid de los años veinte. Un concurso de crónicas convocado por el diario La libertad le abrió sus puertas y comenzó a publicar una serie larga de entrevistas bajo el título general de Cómo se hacen las cosas, que alcanzó notable éxito. Se van sucediendo reportajes y entrevistas –Valle Inclán, Baroja, Gómez de la Serna... –, y un Premio importante le irá a proporcionar el espaldarazo definitivo como escritor: se había convocado en 1928 el Premio Nacional de Literatura con el fin de galardonar, según indicaba en la convocatoria, un libro de lectura en las Escuelas Nacionales de niñas y niños, a la que presentó la Antología que ahora se reedita, y que terminó obteniendo el premio anhelado. Fue el primero de una serie de libros y premios que alcanzaron importante difusión: las Gestas heroicas castellanas contadas a los niños (1929), de Ángel Cruz Rueda, y, acaso el más conocido, Flor de leyendas (1932), de Ale jan - dro Casona. La Antología responde, en último extremo, a la preocupación del Estado por la educación de la infancia y ofrece una selección extensa en la que incorpora textos procedentes de más de cuarenta autores, desde el inicio de nuestra literatura hasta el momento en que fue redactada, acompañando a cada autor de una breve introducción. El objetivo no era fácil –la selección y presentación de los textos–, pero se consigue por medio de la exposición sencilla y clara de las introducciones a cada autor, y evitando las notas eruditas y críticas. Esa sencillez se conjuga de manera experta con la incorporación de datos literarios, históricos y teóricos presentados atractiva y estimulantemente, con una redacción precisa y fluida. Se encontrarán semblanzas impresionistas, otras más concentradas y densas; se recurre a contrastes y comparaciones técnicas que surten efecto muy positivo para la enseñanza entre los alumnos en el momento del estudio; no se cae, sin embargo, en el simplismo esquematizador, al tiempo que se destaca el dominio de la retórica y los elementos que confieren una trabazón coherente y estable entre los autores. Así, Garcilaso aparece caracterizado en contraposición a Fernando de Herrera, o fray Luis de Granada con respecto a Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz; de igual modo, Núñez de Arce en relación con Bécquer y Campoamor. La escritura refleja una mirada alegre, mostrando unos escritores vitales, apasionados y hasta divertidos, aún en aquellos autores, como Góngora, más complejos, lo que constituye otro gran acierto del escritor para captar la atención de los jóvenes lectores. Los textos están escogidos, pensando especialmente en los niños y adolescentes, buscando aquellos de mayor emoción y valor estético. Este interesante volumen es también revelador de los gustos del autor-recopilador (hombre, sin duda, de gran cultura), y de un momento histórico literario: se enmarca dentro del quehacer literario novecentista, cuyos integrantes aparecen en las páginas de la escogida literatura a la luz de las filosofías imperantes. Así, Baroja, Azorín, Unamuno, Ganivet o Blasco Ibáñez son seleccionados con sus obras regeneradoras del espíritu nacional, en la línea de reconstrucción que ya había proclamado Joaquín Costa. La oportunidad de esta antología no podía ser más clara: para un público infanto-juvenil, dentro de su educación literaria y el canon formativo que precisan, y para un público adulto, que exige un corpus textual que asiente sus bases culturales hispánicas. Por otra parte, se trata de un especie de Historia de la Literatura en sus textos, con unas breves introducciones con mucha sustancia, que se abre a textos poco frecuentes (como el hoy olvidado Enrique de Mesa, pero de extraordinario éxito en los inicios del siglo XX) y a otras literaturas hispánicas a través de la inclusión de Maragall, con la traducción de La vaca ciega y del Elogio de la palabra; y Rosalía de Castro (Una vez tenía un clavo; Yo no sé lo que busco). Como ya he señalado, el libro viene precedido por un prólogo de José Montero Reguera y Alexia Dotras Bravo, profesores en la Universidad de Vigo y la de Coimbra respectivamente, que sitúan con justeza el libro y su autor en el contexto cultural de la España del primer tercio del siglo XX, al tiempo que resaltan su carácter de obra pionera en el campo de la literatura para la infancia y la juventud. Pienso que es un acierto la reedición de la Antología de poetas y prosistas españoles, que unos volveremos a leer recordando nuestros años mozos y otros podrán acudir a ella para vibrar con la gran poesía, parte importante del tesoro de nuestra identidad nacional. José Antonio Ibáñez-Martín |