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Originalidad e Identidad Personal. Claves antropológicas frente a la masificación.

DOI

10.22550/2174-0909.3005

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Barraca Mairal, J. (2017).
Originalidad e Identidad Personal. Claves
antropológicas frente a la masificación.
Madrid: Editorial San Pablo. 149 pp.

Resumen

En este profundo y esclarecedor ensayo, el autor trata de encontrar una respuesta a una de las preguntas que, con toda probabilidad, más veces se han formulado los hombres: ¿quién soy yo? Una pregunta que de forma inevitable interpela al propio cuestionador. ,

El Prof. Barraca acomete sus indagaciones sobre esta cuestión en cuatro grandes bloques. En el primero aborda la complejidad de la identidad de la condición humana y pone un especial énfasis al señalar algunos de los factores que en la sociedad actual parecen más relevantes. Son factores que pueden contribuir a enmascarar y oscurecer la identidad personal, confundiendo así a quienes, desde la más profunda sinceridad, han optado por aventurarse a saber quiénes son. ,

Desde la honda y crítica perspectiva de la antropología realista, el autor pasa revista a algunos de los factores lacerantes que acaso obstaculizan o desfiguran el encuentro consigo mismo. Confieso que, tal vez con la intención de animar al potencial lector de esta publicación, he tratado de exteriorizar algunos de los interrogantes que su lectura ha suscitado en mí. ,

¿Puede conducirse la propia vida en la ignorancia de quien se es o se quiere llegar a ser? ¿Qué aporta la propia experiencia al conocimiento de la identidad personal? ¿Es preciso reflexionar sobre lo que constituye la trama de la existencia cotidiana? ¿Puede la masificación de una sociedad globalizada disolver la singularidad personal y transformarla en apenas un número más, solo útil para el cálculo estadístico? ¿Cómo distinguir la verdadera identidad del protagonismo del yo, la búsqueda de aprobación social o el narcisismo? ¿Somos sensibles a los intentos de manipulación, personal y colectiva? ¿Sabemos identificarlos? ¿Disponemos de los suficientes recursos para enfrentarnos a ellos? ,

En el segundo bloque, el filósofo se abre al estudio de la relación y el diálogo entre el yo y el tú. El encuentro con el otro contribuye, desde el origen, al conocimiento de la propia identidad. La dimensión social de la identidad de la persona es un ingrediente que no es renunciable en este proyecto de conocimiento personal. ,

En realidad, no hay yo sin tú. ¡Cuántas veces el encuentro con el tú es lo que realmente permite profundizar en el conocimiento del yo! ¿Es la relación interpersonal autoconstitutiva de la identidad personal? ¿Qué cabe inferir del hecho de que la persona sea un ser relacional y esencialmente dialógico? ¿Es que acaso no puede moldear el yo propio la relación con el Otro? ¿Puede haber identidad personal sin la experiencia de querer y ser querido? ,

En el tercer bloque, el Prof. Barraca afronta el problema de la originalidad del ser humano. Esta originalidad personal nos remite a la cuestión acerca del origen personal, que se funda sobre la unicidad singular de cada ser humano. La apelación que hace el autor a la paternidad manifiesta a las claras esta originalidad: «El hijo –escribe– es siempre único, aunque no sea el único hijo. […] Ningún padre ama o puede siquiera amar con un amor idéntico a todos sus hijos, […] ama a cada uno con un amor diferente, incomparable e irrepetible, personalísimo» (p. 71). De esta originalidad y su desarrollo depende el itinerario vital por el que cada persona opta. Consecuencia de esa elección será la biografía personal que resulte. Esta originalidad radical es primordial y no es una realidad centrípeta ni clausurada, como tampoco gira en torno al propio yo, aunque este sea en parte consecuencia de aquella. ,

Esta originalidad es creativa y se abre a cuantos necesitan de ella, al mismo tiempo que ella busca ser acogida, reconocida y valorada por los demás. La forma en que se proyecta y comunica a los demás no cabe en ninguna categoría, esquema, tópico, generalización, modelo, etc., por la sencilla razón de la poderosa vinculación existente (antropológica y ontológica) entre el ser personal y la originalidad biográfica. ,

Por esta causa, ninguna institución (familia, escuela, empresa, etc.) pueden sacrificar, aplastar o aniquilar la originalidad personal, en aras de alcanzar el supuesto bien común. Al intentarlo se incurriría en la contradicción de hurtar a la persona lo más valioso que tiene, aquello que precisamente aporta a los otros y al bien común. Esto tiene especial vigencia en el ámbito de la educación, porque «la tarea educativa radica, fundamentalmente, en acertar a ayudar a que se despliegue la vida de una forma orgánica y en sintonía profunda con la propia originalidad personal» (p. 101). ,

Lamentablemente, sin embargo, la sociedad de masas no parece ser demasiado sensible al deber de respetar la originalidad y el itinerario biográfico y creativo, libremente elegido por las personas. La masa anónima e indiferenciada, por el contrario, reduce los sujetos a números, lo que aplasta y disuelve lo más radicalmente humano que hay en ellos. ,

Al olvidarse del misterio de la persona–lo que suele interpretarse como algo no sometido a la razón y, por tanto, irracional–, la desnuda de su valor irrepetible: poner sus dones a merced de su vocación en el servicio a los otros. Un recurso nefando por el que pierden todas las personas y el bien común, sin que con ello nadie gane nada. ,

En este bloque el lector puede encontrar la ayuda necesaria para responder a algunas de las preguntas que ahora formulo y que acaso le atañan de un modo personal: ¿es la originalidad algo que se confunde con lo estrambótico y extraño? ¿Pueden calificarse de originales algunos de los comportamientos de los usuarios en las redes sociales? ¿Está la originalidad al servicio exclusivo del protagonismo del yo? ¿Sirve de algo la originalidad, si la persona no se conoce a sí misma? ¿Cabe la posibilidad de que la persona se «reinvente» a sí misma? ¿Totalmente? ¿No hay tal vez «invariantes» personales que jamás podrán ser modificados? ¿Es la originalidad una mera imagen fantástica para escapar de sí o lucrar la atención de los espectadores a los que la persona imita y se adapta? ¿No será que la originalidad está más bien al servicio de la identidad personal, de la continuidad y fidelidad a la propia vocación, al proyecto de vida por el que con libertad se optó? ¿Puede delegarse la propia libertad? ¿Puede hacerse la propia vida al dictado de las modas, usos y costumbres cambiantes? ¿Acaso no es cada cual el padre de sus actos y el autor de su vida personal? ,

Por último, en el cuarto bloque, el Prof. Barraca reúne la identidad y originalidad personal en diálogo con la justicia. «Todos los valores importan a la hora del desarrollo de la propia identidad, todos ellos alimentan nuestra originalidad», escribe. De todos ellos, pone un especial énfasis en la justicia, «clave de cualquier esfuerzo educativo. Esto, por cuanto la justicia rige el orden que subyace en el encuentro mutuo de las diferentes originalidades e identidades aliadas en las diversas relaciones humanas y, también, en las educativas, las orientadas al desarrollo integral de los sujetos» (p. 109). ,

¿Puede establecerse alguna relación entre la justicia y el desarrollo personal? En mi opinión, algunos tienen un concepto de justicia muy restringido, que se limita a solo lo material. La consideran, probablemente, como una sola e inmensa tarta que hay que distribuir entre todos, en porciones exactas e idénticas. Sin embargo, el desarrollo personal, por ejemplo, es un bien espiritual más valioso que los bienes materiales, y también tiene relación con la justicia. Su desarrollo depende en buena parte del uso que cada persona haga de su libertad. ,

Las personas vienen a este mundo con un conjunto de diversos rasgos positivos, que le han sido regalados (dones), todos valiosos, pero muchos de los cuales están aún en un estado potencial. Es preciso desarrollarlos, de manera que se actualicen y sean todo lo activos y eficaces que puedan llegar a ser. ,

Podrá sostenerse que esos dones son personales y pertenecen radicalmente a sus respectivos propietarios. De aquí que alguna afirmación, como la siguiente, no sea infrecuente escuchar: «estos valores son míos y puedo hacer con ellos lo que me plazca». Son escasas las objeciones que pueden ponerse a la anterior afirmación. En efecto, esos valores, con que ha sido dotado ese sujeto, son suyos y solo a él pertenecen. Y como tal poseedor puede hacer con ellos lo que le plazca. ,

Pero, si lo observamos desde la dimensión social de su persona, entonces sí que cabe objetar, y objetar algo importante y con toda seriedad. Si ese sujeto desarrolla esos valores será más competente, resolverá con facilidad graves problemas y servirá mejor a los demás. Supongamos que ese sujeto está especialmente dotado para la enseñanza. En la medida en que desarrolle esos valores (conocimientos, empatía, capacidad de buscar la verdad, fluidez verbal, comunicación, motivación, etc.) incrementará también su eficacia como profesor y la posibilidad de hacer más felices a sus futuros alumnos. ,

Los valores de que dispone, ciertamente, son suyos. Las consecuencias de que los desarrolle o no, en parte son suyas y en parte no. Si no desarrolla su capacidad de buscar la verdad, es probable que encuentre serias dificultades para trasmitirla a sus alumnos; si no amplía sus conocimientos, es posible que les trasmita su propia ignorancia, y así sucesivamente. ,

Los valores de que está dotado el citado profesor siguen siendo suyos, pero no todas las consecuencias de lo que ha hecho o dejado de hacer con ellos. Muchas de esas consecuencias afectan, de forma grave, a sus alumnos: la pereza para buscar la verdad, la desmotivación por el conocimiento, etc. ,

En definitiva, el profesor del ejemplo anterior se ha servido de unos bienes iniciales (el regalo de los dones que ha recibido, ciertas perfecciones perfectibles) que no ha sabido, querido o podido desarrollar y que, en consecuencia, son perfecciones venidas a menos, es decir, imperfecciones (disvalores) que, en cambio, sí trasmitirá a sus alumnos (personas, que no son de su propiedad y que tenían derecho a una mejor educación). ,

En este sentido, su comportamiento cabría calificarlo de injusto, porque ha minusvalorado o arruinado sus valores iniciales; porque en tanto que persona, no se ha desarrollado en toda su estatura; porque en tanto que profesor, ha trasmitido a la siguiente generación la deficiencia que acusa en los valores recibidos que no ha cultivado. Este modo de comportarse impide «dar a cada uno lo que le es debido», que es lo propio de la justicia. ,

A fin de cuentas, los valores no desarrollados le han impedido crecer como persona. Ha transformado la «perfección perfectible» inicial en que los valores consistían en un relativo deterioro o ausencia de los valores finales disponibles (imperfección personal). ,

Por el contrario, si hubiera hecho crecer sus valores iniciales, ahora sería una persona valiosa (encarnaría una cierta plenitud de valores que, con esfuerzo, ha conquistado a partir de lo dado); facilitaría a sus alumnos el aprendizaje de lo que les enseña («con él aprender es fácil», dirían); contribuiría a que se sintieran más seguros y confiados en sus propias capacidades (lo que mejoraría su autoestima y autoconcepto), y hasta es posible que algunos de ellos acaso traten de imitarle o se inspiren en su ejemplo a la hora de descubrir su propia vocación. ,

Según parece, contagiar a los alumnos la pasión por la verdad y la justicia es un buen principio sobre el que asentar el arte de educar. Pero de muy poco servirá una exposición erudita de estos valores si el profesor no los encarna en su persona. Encarnar esos valores no es otra cosa que incorporarlos a la vida cotidiana como hábitos de comportamiento. Importa más aquí la conducta que la exposición teórica, por brillante que esta fuere. ,

Cuando un valor se encarna en la persona se transforma en virtud. Un valor encarnado no es más que lo que conocemos con el término de virtud. Crecer en virtudes es una de las formas más originales de desarrollar y proyectar la originalidad inicial. Cuanto mayor sea el crecimiento en el ámbito de las virtudes, más densa y consistente será la identidad personal. ,

En esta breve publicación, Javier ha sabido presentarnos una apretada y clara síntesis de una de las cuestiones que más afecta al hombre contemporáneo. En realidad, la cuestión es tan vieja como el mismo hombre. Lo nuevo tal vez sea el modo en que el hombre actual rehúsa afrontar estas cuestiones, a pesar de sentirse interpelado por ellas. A través de estas páginas, su autor abre nuevos horizontes a la persona, lo que es muy de agradecer. A ello se suman dos importantes méritos más: la claridad de su exposición, sin problematizar en exceso estas cuestiones, y –lo que es todavía más relevante– el esfuerzo por tratar de apuntarnos algunas soluciones. Mi agradecimiento más sincero por todo lo que me ha enseñado a través de este texto. ,

Recomiendo la lectura reflexiva de este ensayo del Profesor Barraca a profesores y alumnos, psicólogos y pedagogos, psiquiatras y psicoterapeutas, y a todos los profesionales que de una forma u otra tengan que habérselas con lo más valioso del mundo: la atención y el servicio a las personas. ,

Mi agradecimiento, de un modo especial, a la editorial San Pablo por el cuidado, la corrección y el buen gusto manifestado en la impresión y edición de esta publicación. ,,

Aquilino Polaino-Lorente

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