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The Black Box of Schooling. A Cultural History of the Classroom

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Braster, S. Grosvenor, I. y del Pozo Andrés, M. M. (Eds.) (2011).
The Black Box of Schooling. A Cultural History of the Classroom.
(Bruselas: P. I. E. Peter Lang).

Resumen

La alta modernidad, para algunos entendida como posmodernismo, no solo nos ha traído duda, incertidumbre y parálisis.

En las últimas décadas venimos observando una serie de giros que nos impulsan a contemplar nuestra realidad educativa desde múltiples y complementarios puntos de vista: el giro hacia el individuo, el giro cultural, el giro pictórico, icónico, etc.

Giros que han afectado profundamente los enfoques historiográficos y que han tenido su eco en las páginas de The Black Box of Schooling, publicación derivada de las investigaciones presentadas y discutidas en Rotterdam durante el simposio organizado en el Museo Nacional de Educación en junio de 2008.

En esta línea, tenemos entre las manos una obra que apunta claramente hacia un objetivo: desentrañar y descubrir los procesos que ocurrieron y ocurren dentro de la denominada caja negra educativa.
En la clase por excelencia y en la institución educativa por extensión. Pese a que el concepto caja negra fue acuñado en los años setenta del pasado siglo, hasta ahora había quedado como un concepto teórico, escurridizo y oscuro de difícil delimitación y más complicado estudio.

Así, los editores Sjaak Braster, Ian Grosvenor y María del Mar del Pozo Andrés, han conseguido ofrecernos una visión plural y multidisciplinar de lo que acontece en el interior del aula. Desde un prisma europeo, estudiosos del Arte, de la Arquitectura, de la Historia, de la Pedagogía y de la Sociología comparten los resultados obtenidos desde diversos enfoques y acercamientos.
La obra está estructurada en cinco bloques.

Tras una introducción en la que los editores presentan y debaten sobre los métodos, significados y misterios de la caja negra de la enseñanza, así como los capítulos que componen el trabajo, nos encontramos un primer bloque en el que el giro pictórico e icónico es su eje vertebrador.

Bajo el título “Images and Repre – sentations of Classrooms” Sjaak Braster, Ian Grosvenor y Jeremy Howard nos ofrecen tres acercamientos distintos hacia la iconografía del aula.
El primero de ellos defiende un enfoque de estudio complejo a la hora de abordar las fotografías de clase (classroom photographs), en este caso holandesas, pertenecientes al siglo pasado. Un enfoque tanto cualitativo como cuantitativo que no está exento, tal y como señala el propio Braster, de retos y peculiaridades que deben ser abordados al tratar las fotografías como fuentes historiográficas, llegando a la conclusión de que el análisis de imágenes es complejo, pero no imposible.

Su uso puede revelar aspectos que permanecerían ocultos si dependieran de las fuentes escritas (Braster, 2011, p. 36).

Por otro lado, Ian Grosvenor comparte un estudio realizado sobre el uso y exposición de copias de pinturas dentro algunas escuelas inglesas con comentarios que nos remontan a finales del siglo XVIII y que se enfatizan al entrar en el XIX hasta complementarse en el XX. Pese al recorrido claramente histórico, Grosvenor nos avisa sobre el peligro que existe a la hora de interpretar estos y otros documentos pictóricos pues cuando observamos imágenes de clases pasadas necesitamos recordar que lo hacemos desde el presente. Podemos creernos ser objetivos cuando miramos fotografías de escuelas pasadas, pero inevitablemente realizamos una lectura a través del escenario de nuestra propia infancia y nuestras propias memorias de escolarización (Grosvenor, 2011, p. 55).

Este primer bloque se cierra con la aportación de Jeremy Howard que, desde la Universidad de St. Andrews, debate sobre los aspectos, valores e interpretaciones que pueden derivarse de las pinturas que recogen como tema central el interior de las escuelas. A través de varios ejemplos espaciados en el tiempo entre los que podríamos destacar la obra, incluida en los anexos: “Will You Be Profitable, Little Friend?” Howard nos ofrece una interpretación de la visión subjetiva que los autores de las obras quisieron plasmar en dichos cuadros. Una visión que, al contrario que las fotografías, no deja espacio para la casualidad del momento captado pero que, por otro lado, recoge deseos, aspiraciones y estereotipos que quizá no pudieran ser expresados tan claramente de otra forma.

En el segundo bloque: “Writings and Documents Inside Classrooms” encontramos un giro cultural con el individuo como referencia. Tres son también las aportaciones que lo componen, dos de ellas con España como telón de fondo.

En la primera de ellas las profesoras Ana Badanelli y Kira Mahamud se asoman al aula de la posguerra española a través del estudio de los trabajos escritos de los alumnos de aquella época. Para ello distinguen, entre otras variables, el género de los alumnos. Uno de los resultados más interesantes es la ausencia de más “contenido femenino” en los libros de ejercicios de las niñas, así como el trabajo realizado por los niños durante el mes de mayo, dedicado a la Virgen María, también inesperado (Badanelli y Muhamud, 2011, p. 97) Sin embargo, las mismas autoras señalan a continuación que deben insistir en el hecho de que estos documentos están intrínsecamente incompletos (p. 97).

La segunda aportación de este segundo bloque corre a cargo de las profesoras Pozo Andrés y Rabazas quienes, centrándose en la segunda mitad del siglo XX, realizan un interesante estudio de los trabajos que el profesor Anselmo Romero Marín promovió entre su alumnado. El trabajo consistía en elaborar un monográfico en el que cada alumno tenía que describir una realidad escolar de una manera completa, objetiva y ciertamente crítica. Monográficos que, de manera regular, incluían también fotografías como evidencias de lo comentado. Este acercamiento educativo nos recuerda que es imposible encontrar información similar en otros documentos de la época, ni siquiera en revistas profesionales o especializadas (Pozo Andrés y Rabazas, 2011, p. 119).

Como broche final del bloque, tenemos el trabajo de la profesora de la Universidad Oxford-Brookes Susannah Wright. Esta profesora centra su estudio en las escuelas elementales inglesas de finales del siglo XIX hasta ya entrada la segunda mitad del XX. Como tema central recoge los libros de registro que los directores de dichas escuelas debían crear y conservar. La información de dichos registros escolares no sólo se limita a las acciones escolares. Los libros de registro ofrecen evidencias sobre la actividad educativa tanto fuera como dentro de los muros de la escuela (Wright, 2011, p. 132) por lo que podemos corroborar cómo el viaje a la caja negra no tiene por qué reducirse a ella sino que nos sirve como nexo de unión entre la escuela y la sociedad.

Llegados al meridiano del libro encontramos el tercer bloque: “Memories and Personal Experiences about Classrooms” donde el individuo y sus experiencias dejan al giro cultural en un segundo plano. De nuevo encontramos tres aportaciones.

Una tónica que sólo se romperá, como veremos, en el último bloque.

Antonio Viñao es el encargado de comenzar este bloque con una investigación sobre autobiografías, memorias y diarios de profesores de primaria desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. Dada la amplia información que estos egodocumentos pueden proporcionarnos, la aportación que presenta en la obra se limita al estudio de la historia de la clase. Así, el profesor Viñao nos ofrece evidencias sobre la evolución del banco escolar hasta el pupitre individual así como sobre las distintas formas de organización del espacio del aula que nos ayudan a entender cómo detrás de su reflexión yace nada menos que uno de los más importantes aspectos de la historia de la clase y de la enseñanza primaria en la España del siglo XX: el cambio del modelo predominante en la organización escolar, el cambio de la clase unitaria a la graduada (Viñao, 2011, p. 157).

Arianne Baggerman, haciendo una referencia implícita en el título de su aportación a la similitud que existe entre la caja negra de la enseñanza y la mítica caja de Pandora, recoge la visión del aula y de su equipamiento en función de la memoria que reside en los textos autobiográficos holandeses. Textos considerados por la autora como la más peligrosa de todas las fuentes (Baggerman, 2011, p.
161) para acabar admitiendo que, sea como fuere, necesitamos los egodocumentos para poder penetrar en la historia de la educación en general y en la de la clase en particular (p. 182). Son especialmente interesantes y curiosas sus apreciaciones sobre la evolución de la férula a la regla a través del castigo y la concepción del maestro como caricatura.

Cierra este tercer bloque el trabajo de Theo Veld. A través de un viaje personal cargado de tintes autobiográficos, el autor discurre sobre qué es lo que la historia oral puede aportar al estudio de la evolución histórica de la clase al mismo tiempo que diserta teniendo como eje central el desarrollo de la escuela moderna en los Países Bajos. Es digno de destacar su apreciación sobre cómo la historia oral suele ser interpretada como una forma de dar “voz” o de romper “silencios” (Veld, 2011, p. 191) Un posicionamiento que resalta las intenciones humanísticas que este tipo de fuentes pueden encerrar y desatar.

En el penúltimo bloque: “Space and Design of Classrooms” encontramos un giro arquitectónico que nos recuerda la importancia no sólo de los procesos educativos sino también del contexto físico en el que éstos se desarrollan.

El primero de los tres capítulos de este bloque está firmado por Alexander Koutamanis y Yolanda Majewski-Steijns quienes, dando una visión estrictamente arquitectónica de la clase desde el siglo XIX, nos ayudan a comprender la evolución de la historia de la educación observando cómo han evolucionado los edificios que han supuesto los límites físicos de la ya mencionada caja negra de la enseñanza.

Es interesante reflexionar sobre cómo los edificios han condicionado, promovido u obstaculizado distintos usos y metodologías docentes. Como nos sugieren, al prestar atención al rendimiento no deberíamos subestimar la importancia de cómo un espacio es usado (Koutamanis y Majewski-Steijns, 2011, p. 213).

En el punto intermedio de este cuarto bloque encontramos la aportación que la profesora Catherine Burke realiza desde la Universidad de Cambridge. Su tema principal es el estudio de la educación a través del arte de los murales escolares durante la primera mitad del siglo XX, propuesta que le hace meditar sobre la importancia del arte público en los espacios escolares. Desde su postura, como elemento de la historia cultural y material de la enseñanza, el mural es una rica fuente cuyo olvido puede ser redirigido dado el reciente interés académico sobre la cultura visual de la educación (Burke, 2011, p. 237).

Como cierre de bloque y penúltima aportación, el libro recoge un capítulo sobre el crecimiento orgánico de la escuela Decroly en Bruselas. El trabajo, realizado por Frederik Herman, Angelo Van Gorp, Frank Simon y Marc Depaepe, nos ofrece evidencias gráficas sobre cómo el instituto creado en 1901 por el propio Decroly ha ido evolucionando en cuanto a su construcción social y espacial se refiere. De esta forma podremos entender cómo Villa Montana, en su época, adquirió un estatus icónico tanto literal como figurativamente hablando (Herman, Van Gorp, Simon y Depaepe, 2011, p. 257).

Con el trabajo de Jaques Dane, Sarah- Jane Earle y Tijs Van Ruiten llegamos al último bloque del libro reseñado. Este último bloque tiene como título: “Material Objects in Classrooms” por lo que quizá pudiera entenderse como un giro hacia el objeto para replantearnos los usos y el valor que el sujeto les otorgara.

En este último capítulo encontraremos una defensa del material de clase como objeto museístico y cómo éstos pueden proporcionarnos una sensación histórica tal y como ya Huizinga la concretara.
Para ello examinan ciertos objetos y temas escogidos entre el catálogo del Museo Nacional de Educación de Rotterdam que quedan recogidos en forma de fotografías: dibujos, material pedagógico, planos e incluso un certificado de vacunación. Objetos que pasan desapercibidos y que, como otros tantos objetos de la vida cotidiana, son apenas preservados y en ocasiones prácticamente olvidados (Dane, Earle y Ruiten, 2011, p. 274).

En resumen. A través de todas estas investigaciones y estudios, The Black Box of Schooling nos ofrece una visión novedosa e interesante sobre la historia de la educación, alejada pero al mismo tiempo complementaria a esa historia de la educación a la que los grandes relatos nos han acostumbrado.

San Agustín, en sus confesiones, admitió que el tiempo es algo fácil de saber y comprender hasta que alguien te pide que lo expliques; es entonces cuando la duda aparece. El libro que nos ocupa nos ayuda a evitar que pudiera pasarnos algo parecido al hablar de la enseñanza y el aprendizaje. Sus autores, desde abajo, nos proporcionan evidencias que nos ayudan a entender mejor la realidad que solemos aprender desde arriba.

Evidencias que no sólo son compartidas textualmente pues el libro está ilustrado con más de cincuenta documentos gráficos entre los que podemos encontrar fotografías, pinturas, grabados trabajos manuscritos, planos de edificios y otros registros de interés.

Con todo, los vestigios de la cultura empírica de la escuela cobran una segunda vida desde la que nos hablan a través de la interpretación realizada por los autores mencionados en una espiral de giros ascendentes que no dejará indiferente a ningún estudioso de la educación y su historia. The Black Box of Schooling nos invita a un viaje más allá de la gramática escolar en el que se desnuda, al menos en parte, la coreografía de nuestro pasado educativo europeo hasta llegar al corazón del mismo: su caja negra.

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