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Making a Difference in Theory: The Theory Question in Education and the Education Question in Theory.

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Biesta, G.; Allan, J. y Edwards, R. (Eds.) (2014).
Making a Difference in Theory: The Theory Question in Education and the Education Question in Theory.
(London and New York, Routledge). 232 pp.

Resumen

Este libro es el primer volumen de la serie llamada Theorizing Education y tiene por objetivo contribuir al análisis y discusión acerca de la sub o sobre teorización de la investigación y la práctica educativa.

Lo hace a través de las aportaciones de un grupo internacional de autores de diferentes líneas de pensamiento, tanto de la tradición analítica como de la continental.

La utilidad principal de esta obra es la aportación rigurosa que ofrece a la controversia actual sobre la importancia de la teoría en y de la educación, superando las falsas dicotomías entre la teoría y sus contrarios, a saber: lo empírico, lo útil, lo objetivo.

El subtítulo del libro parece un juego de palabras: The Theory Question in Education and the Education Question in Theory.

La primera parte, La Cuestión Teórica en la Educación, se pregunta por el gran rango de teorías de distintas disciplinas que se utilizan en educación. Es decir, quiere saber por qué y de qué manera ciertas teorías pertenecen al campo educativo.

Le segunda parte del subtítulo profundiza en la primera: la Cuestión Educativa en la Teoría, abordando la pregunta de qué es educativo en los usos de la teoría.

Esta cuestión se interroga si la educación es una disciplina académica en sí misma, o si debe ser entendida como un campo de estudio aplicado, que bebe de otras disciplinas, como la psicología, la antropología, la sociología o la filosofía.
Los autores emprenden ambas cuestiones por distintas vías, y lejos de pretender asentar respuestas y cerrar debates, el libro procura ser punto de partida para futuras discusiones e indagaciones.

Haciendo una visión general de la obra, editada por los profesores Gert Biesta, Julie Allan y Richard Edwards, algunos capítulos tienen un enfoque histórico con el fin de desarrollar un entendimiento sobre lo que la teoría ha estado aportando en la investigación y práctica educativa (Popkewitz, Tröhler y Friesen); y otros, en cambio, hablan desde la discusión contemporánea con el fin de desarrollar nuevos enfoques en los roles de la teoría en la educación (Lundahl, Bellman y Gallagher). Algunos autores (Szkudlarek, Sidorkin) son bastante críticos acerca de la distancia y profundidad a la que la teoría debería llegar y sobre lo necesaria o innecesaria que resulta. Por otro lado, hay un grupo de autores que no llevan a cabo una disertación general, sino que se posicionan, haciendo una clara apuesta por algún enfoque teórico concreto (Usher y Anderson, Phelan y Fendler).

El libro se divide en tres partes. La primera se titula La presencia contextual de la teoría, dentro de la cual cuatro autores hacen sus intervenciones. El primero, Thomas S. Popkewitz, expone El hecho empírico y político de la teoría en las ciencias sociales y en ciencias de la educación. Para Popkewitz las teorías conllevan estilos de pensamiento que generan tesis culturales sobre quiénes somos y quiénes deberíamos ser. De esta manera, la teoría puede proporcionar maneras de des-pensar para re-pensar lo que nos es dado como práctico y útil; teniendo así la función de hacer visible y problematizar lo que nos es dado como dato. Por esta dinámica, la teoría abre posibilidades en el presente.

El segundo capítulo Los retos de la teoría educativa en la era del capitalismo del conocimiento, viene de la mano de Lisbeth Lundahl, quien asegura que la escuela es una estructura muy compleja, de manera que la conexión entre las evidencias y la política son muy cuestionables. No obstante, considera fundamentales las perspectivas teoréticas, necesarias para entender la educación en todos sus factores, ya que posibilitan investigar con autonomía e integridad, alejándose de objetivos mercantilistas.

El tercer capítulo, titulado Entre la teoría universalmente reclamada y la comprensión común: el conocimiento teórico en educación es de Daniel Tröhler, quien habla desde el punto de vista histórico de las prácticas educativas actuales en relación con la aparición del protestantismo. Bajo esta concepción, la teoría de la educación ha sido y es, según Tröhler, simplemente, una manera de legitimar intelectualmente las prácticas educativas.

Por último, dentro de la primera parte, Johannes Bellmann ofrece el capítulo cuarto: El cambiante campo de los estudios sobre educación y la tarea de teorizar la educación. En él explica que teorizar en educación es un fenómeno social, que tiende a ser confundido con la aplicación de la sociología en el campo de la educación.

Por esta razón, teorizar en educación se limita en ocasiones a pensar sobre el contexto social de la educación en vez de centrarse en lo que debería, es decir, en la calidad social de la educación.

En la segunda parte, titulada La práctica de hacer teoría, nos encontramos con tres autores. La primera de ellos, Deborah Gallagher nos ofrece el capítulo titulado Las teorías tienen consecuencias, ¿no? Sobre la naturaleza moral de la teoría y la investigación educativa. La autora explica que las teorías tienen implicaciones para investigadores y profesores, y que la prioridad que ha dado el cientifismo a las soluciones instrumentalistas, conlleva juicios morales sobre lo que merece la pena o no hacer en las aulas y sobre lo que importa en la educación.

Dentro de esta segunda parte, el sexto capítulo, de Norm Friesen, titulado Bildung y el lenguaje educativo: hablando del ser en la educación anglo-americana es una llamada a ir a la raíz de la noción de ser como punto central del acto educativo y a retomar el vocabulario de Bildung, alejado del enfoque individualista, que está presente en muchos discursos culturales, pero no así en los pedagógicos.

El séptimo y último capítulo de esta sección lo ofrece Alexander M. Sidorkin, titulado Sobre los límites teoréticos de la educación, quien hace una crítica del concepto que los políticos e investigadores tienen sobre la escuela deseada, como una proyección de las escuelas de élite para las escuelas de masas. Su conclusión es que se hace necesario seguir teorizando para entender qué es educación, pues sin tener esta cuestión clara, el análisis de la realidad educativa y de las escuelas será siempre impreciso e ineficiente.

En la tercera parte del libro, titulada Refracciones sobre la teoría y agenda sobre la teoría, encontramos cinco capítulos.

El capítulo número ocho, titulado La teoría de la educación y la práctica de criticar viene de la mano de dos autores: Robin Usher y Anna Anderson. Exponen que la teoría crítica necesita del enfoque genealógico de Foucault, el cual consiste en un escepticismo sistemático sobre todas las verdades universales, que forzaría una continua reflexión sobre qué es la teoría de la educación, la cual estaría situada siempre en el marco de la contingencia.

El capítulo nueve se titula Los excesos de la teoría: sobre las funciones de la teoría de la educación en la realidad aparente. En él, Tomasz Szkudlarek explica que la teoría es una necesidad ficticia, ya que antes de teorizar sobre ella ya existía la práctica educativa. Por tanto, las teorías son herramientas lingüísticas que contribuyen a la construcción ontológica del mundo, pero se alejan de la realidad práctica educativa, la cual sigue al margen su ritmo diario.

El capítulo diez, por Anne M. Phelan, titulado Hablando educativamente sobre formación de profesorado contradice la idea de inutilidad o invalidez de la teoría según Szkudlarek, y nos recuerda que la pregunta teórica sobre la formación del profesorado nos ayuda a enfrentar las grandes preocupaciones educativas sobre la libertad y su relación con la auto-formación del otro a través de la experiencia y el conocimiento.

El capítulo once, titulado Teorías sobre el enseñar, de Lynn Fendler reconoce tres maneras en las que la teoría y la enseñanza pueden tener relación entre ellas: (a) teorizando sobre la enseñanza como una manera de cuestionarla (b) evaluando el valor pedagógico de la teoría y (c) generando nuevos objetos de investigación y nuevas lentes a través de las cuales mirar los límites entre la teoría y la enseñanza.

Por último, el capítulo de los editores del libro, Julie Allan, Richard Edwards y Gert Biesta, titulado Hacia una agenda de las intervenciones teoréticas en educación nos muestra las vías futuras de investigación.

Los autores consideran que la teoría de la educación tendrá que prestar especial atención a la historia de la teoría de la educación, y a las múltiples posibilidades de teorizar, de manera que la teoría aspire no solo a ser garante de explicaciones o promotora de acumulación de ideas, sino también a ser capaz de imaginar nuevas vías de hacer teoría que ayuden a la mejora de la educación en su conjunto.

Concluyendo, esta obra podría sintetizarse en cuatro ideas principales:

(1) Los roles de la teoría de la educación en la investigación empírica tienen que tender hacia el objetivo de explicar y ayudar a comprender la realidad educativa, sin descuidar el compromiso con la emancipación.

(2) Es necesario abrazar la doble vertiente de la teoría de la educación: hacer lo extraño familiar, y hacer de lo familiar algo extraño.
(3) La teoría de la educación necesita comprometerse con la educación más allá del ámbito aplicado a los niños y a las escuelas, de manera que el trabajo teorético nos ayude a señalar lo que es importante en educación. (4) Es fundamental preguntarse si los recursos para investigar en educación han de venir de otras disciplinas, o si la educación es una disciplina en sí misma con sus propias formas de teorizar, que son ya educativas.

Sin duda, si algo muestran estas páginas es que las preguntas sobre la teoría en la educación y sobre la dimensión educativa en la teoría permanecen vivas e importantes, no solo para el desarrollo de una buena investigación, sino también para el desarrollo de la práctica educativa diaria y concreta, en sus distintas manifestaciones. Tania Alonso Sainz

Millán-Puelles, A. (2015).
Léxico filosófico, Obras Completas, Tomo VII.
(Madrid, Asociación de Filosofía y Ciencias Contemporáneas-Ediciones Rialp). 634 pp.
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Hay libros que se proponen explicar las realidades del momento y hay otros que, con mayor rigor especulativo, ambicionan penetrar en el sentido profundo de lo real. Hay libros que es razonable usarlos en unas circunstancias determinadas y otros que es bueno leerlos en todo momento porque están menos encadenados al correr de los tiempos.
Pues bien, el Léxico filosófico del Profesor Millán-Puelles, cuya tercera edición acaba de aparecer, en una bella colección creada por la Asociación de Filosofía y Ciencia Contemporánea y por la editorial Rialp, responde a ese selecto grupo de obras que toda persona culta debiera conocer para facilitarle la construcción de un pensamiento no dependiente de las ideas de moda sino decidido a conseguir una reflexión profunda sobre los principales temas que conviene saber para conducir una vida examinada. Según me informa la editorial, de las dos primeras ediciones de este libro se vendieron más de cinco mil copias y esta nueva aparición facilitará que muchas personas que ya no trataron al Profesor Millán-Puelles, a quien perdimos hace diez años, tras una ejemplar vida dedicada al cultivo de la sabiduría, puedan conocer sus ideas y reflexionar sobre sus argumentos.

En efecto, este Léxico filosófico se caracteriza esencialmente porque no se limita a exponer lo que se ha dicho en la historia, sino que, como expresión de una gran filosofía —superando el comportamiento denunciado por Nietzsche de los obreros filosóficos, que se dedican a contar lo que otros han escrito, cambiando el estudio de la vida por el estudio de los libros— analiza todos los problemas que estudia, comenzando por una investigación etimológica de los términos y continuando con su desarrollo filosófico, lo que significa no sólo ofrecer las principales posiciones que se han defendido en la historia sino atreverse a proponer, razonadamente, lo que el autor entiende que es la respues ta más pertinente sobre el tema objeto de estudio.

El libro tiene 57 voces fundamentales totalizando más de 600 páginas, en las que se estudian cerca de 300 conceptos.
De esta manera, todas las cuestiones básicas de la antropología metafísica, de la dignidad y características del ser humano y de las formas organizativas de la sociedad que mejor puedan facilitar una vida plena, son oportunamente estudiadas. Ciertamente, Millán-Puelles, estableciendo un coloquio directo con los grandes pensadores de todos los tiempos, se mantiene coherente con la tradición aristotélica que considera la metafísica como la filosofía primera, sin la que ninguna reflexión tendría la suficiente fundamentación, por lo que las cuestiones metafísicas son especialmente tratadas.
Vivimos unos tiempos en los que parece que a los educadores se les ha de pedir que conozcan lo que funciona, los procedimientos didácticos y los métodos psicológicos oportunos para facilitar a las jóvenes generaciones que tengan capacidad para ganarse la vida en una sociedad tecnológicamente avanzada. Pero, realmente, si en medio de la crisis económica de nuestros días se nos propone a los educadores simplemente ese objetivo, lo que se puede terminar consiguiendo es que los profesores fomenten la ignorancia, para tener ellos menor competencia en su lucha por conseguir bienes económicos, por definición escasos.

Hace mucho tiempo, Tomás de Aquino decía que al maestro se le debe honor, pues su acción está llamada no solo a capacitar para una actividad profesional sino a comprometerse en la compleja tarea de abrir un horizonte de dignidad y esperanza a la persona, que no solo vive de pan. Este libro nos ayuda a conocer las bases de esa dignidad y las grandes metas que nos debemos proponer en la acción educativa.

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