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Esteban-Bara, F. (2019). La universidad light: Un análisis de nuestra formación universitaria (José L. González-Geraldo)

DOI

10.22550/2174-0909.3101

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Esteban-Bara, F. (2019).

Resumen

Los buenos directores lo saben: el éxito de una película queda en evidencia gracias a la distancia, cuanto más corta mejor, entre su idea inicial y el resultado final. Nada que ver con la taquilla, que tanto interesa a los productores, e incluso con los gustos de críticos o espectadores. Si se hizo lo que se pensó —y en su momento se pensó que era buena idea hacerlo— objetivo cumplido. ,

El libro que nos ocupa, teórico y ameno de principio a fin —si se me permite el pleonasmo, que no el oxímoron—, nos anima a replantearnos, desde este punto de vista, la distancia existente entre idea y resultado en cuanto al ámbito universitario se refiere. Su título no engaña: el éxito en este caso, lejos de estar garantizado, queda diluido, edulcorado, reducido, desustanciado… light, al fin y al cabo. ,

Así, en términos generales y de manera acertada, el profesor Esteban Bara muestra su preocupación ante la deriva de la universidad de nuestro tiempo. La universidad, como el propio autor defiende citando a los grandes pensadores que se preocuparon por este mismo tema, ofrece a la sociedad el regalo de un intervalo de tiempo que, al menos en teoría, debería ser cualitativamente diferente del resto de experiencias vividas. ,

Una vida dentro de otra vida, en definitiva, que nos educa —o debería educar— para consolidar esa comunidad de buscadores de conocimiento que presenta una (id) entidad suficiente como para no ser confundida, pasada por alto o menospreciada: «El regalo del intervalo del que habla Oakeshott es el tiempo para dedicarse a lo superior de la persona en cuanto a persona, y cuesta encontrar presentes más interesantes y espectaculares que ese» (p. 56). ,

La estructura del libro se construye sobre cinco partes diferenciadas: 1) diagnóstico de la situación actual; 2) reflexiones sobre la vida universitaria; 3) sobre el profesorado; 4) sobre los estudiantes y 5) sobre la práctica educativa de estas instituciones. Tan interesante como todas ellas es el epílogo final que, a modo de resumen, nos ofrece pistas que nos ayudarán a intuir si estamos o no ante una universidad, profesor, estudiante o práctica cercana a lo light. ,

A lo largo de poco más de doscientas páginas, con un lenguaje cercano que no por ello deja de lado el rigor académico, esta obra desnuda y expone las prácticas y malos hábitos de quienes no saben apreciar ni aprovechar las virtudes que ofrece una verdadera educación superior. Como es lógico, la apatía y malos modos de ciertos estudiantes —cada vez más embobados y embelesados en nuestras clases con aspectos que poco tienen que ver con lo planificado y deseado— quedará en evidencia, pero también la de aquellos docentes —que no educadores y a veces solo profesores— que acuden a sus clases casi por compromiso, incapaces de contagiar amor alguno por la disciplina a la que sin duda ofenden y perjudican. En palabras del propio autor: «al profesorado universitario no le basta con sentirse prendado por lo que hace […] debe enamorar a los estudiantes, él es un enamorador, y esa responsabilidad precisamente provoca que ande prendado por lo que tiene entre manos» (p. 97). ,

En este sentido, guardando las formas y con una ironía no falta de verdad, el compañero Esteban Bara nos anima a convertirnos en escandalosos profesores (verbigracia, p. 105) capaces de crear situaciones educativas de las que nuestros estudiantes sean incapaces de salir indemnes; ¡ay de los estudiantes —y profesores— que pasen por la universidad sin dejar que ella pase por ellos! ,

Que nadie malinterprete este valiente y necesario deseo, pues no es un misil dirigido a la línea de flotación de la universidad, al contrario. Es un necesario recordatorio de que la universidad ha de seguir su propio camino, el de la construcción de esa comunidad de buscadores del conocimiento ya apuntada, sin dejarse pervertir por otros intereses, quizá más urgentes, más pragmáticos y utilitaristas, pero menos cercanos a la idea de lo que debe ser una buena institución de educación superior. De hecho, es curioso pensar cómo la difusa fluidez postmoderna nos ha llevado a un punto donde la defensa de los clásicos puede ser interpretada como un verdadero acto de rebeldía a contracorriente de una universidad donde el cliente —ese alumno al que hay que motivar y complacer a toda costa— siempre tiene la razón, y desde el primer día. ,

Quizá entonces también entendamos que al buscar el conocimiento por amor al arte, en el fondo y de manera ciertamente subversiva, también somos buscadores de experiencias y de sensaciones que nos recuerdan y devuelven lo que significa no solo estar vivo, sino también pertenecer a ese selecto club del ser humano que, cuando quiere y se esfuerza, es capaz de ver más lejos —y mejor— gracias a los hombros de esos gigantes que nos precedieron y que, al respetarlos y darles el sitio que merecen, todavía caminan a nuestro lado. ,

El ritmo de vida de nuestras sociedades, tan vertiginoso como en ocasiones desnortado, no ayuda ni encaja con esta visión de una universidad que requiere de sus propios tiempos y lugares. El libro que nos ocupa, entre otros muchos regalos, nos ofrece una excelente oportunidad para repensar ese intervalo de tiempo que yadijimos que es la universidad. Sin prisas, pero sin pausas, pues: ,

Con todo, estamos ante una verdadera apología del pensar, sentir y vivir de quien aspira a ser la mejor versión de sí mismo, pues en verdad ese es el objetivo último de cualquier proceso educativo que pretenda presumir de ser superior. Una versión que no será tal si no es compartida en sociedad. El propio autor, pese a que lógicamente centra su defensa de la universidad en el terreno académico, no ignora que: «Una formación universitaria íntegra incluye el reconocimiento del otro y, si se quiere añadir, reconocerse en el otro. Sí, hay mucho de alteridad en la comunidad de buscadores de conocimientos» (p. 189). ,

Siendo estrictos, es ciertamente incontestable que tenemos la universidad que hemos construido, de manera más o menos consciente, a lo largo de los siglos. No obstante, otro cantar deleita nuestros oídos si nos creemos más o menos merecedores de nuestras instituciones de educación superior. Para aquellos que creemos que necesitamos tener unas universidades más exitosas, más cercanas a la idea inicial de lo que debería ser una institución de educación superior ideal, estas páginas se presentan ineludibles. ,

Un objetivo: la mejora de la calidad universitaria, tan importante como escurridizo y lleno de vericuetos éticos —difícilmente medibles— que lejos de dificultar la empresa, la hacen más atractiva y apasionante. Lo que para algunos puede resultar repulsivo y repelente, para otros es un irresistible cebo. Quizá sea por la curiosidad innata de quien sabe lo mucho que ignora y que, al final del día, es consciente de que Sísifo sonríe, feliz por un nuevo día lleno de esfuerzos y retos. Tal vez puede que sea porque una persona educada, verdaderamente educada, no teme la intemperie, las empinadas cuestas, las decepciones y los malos tragos. Quizá, y solo quizá, sea porque la universidad, en el fondo, está ahí por algo y no de cualquier forma o manera. ,

José L. González-Geraldo ■

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