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Touriñán López, J. M. (2016). Pedagogía General. Principios de educación y principios de intervención pedagógica. (Juan García Gutiérrez)

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Touriñán López, J. M. (2016).
Pedagogía General. Principios de educación y principios de intervención pedagógica.
A Coruña: Bello y Martínez. 1012 pp.

Resumen

En el tiempo de los ciento cuarenta caracteres, disponerse a escribir una obra como la que presentamos constituye una declaración de principios. El conocimiento no es líquido, por lo que escribir este tipo de libros resulta relevante (y necesario) para el conocimiento de la educación. Un dato: la obra tiene una extensión de más de mil páginas, de las que cuarenta y nueve están dedicadas a la bibliografía, en las que recoge tanto referencias clásicas como actuales que avalan los argumentos tratados en cada capítulo. Sin duda, un libro de referencia para todos aquellos que estudian y trabajan en el ámbito educativo.
El libro que presentamos se compone de once capítulos, que también pueden leerse de forma independiente. Ahora bien, la sucesión que propone el autor facilita un discurso coherente y ordenado. Gracias a esta «hoja de ruta» planeada por el profesor Touriñán, el lector va accediendo a los diferentes elementos que configuran el conocimiento de la educación, aportando su razón de ser, con una clara dimensión didáctica.
Cada capítulo va precedido de una breve introducción que cumple el doble papel de enlace con el capítulo precedente y avance de lo que va a venir. El primero de ellos se centra en la definición de educación, pasando después al desarrollo de la intervención educativa: el conocimiento de la educación, función pedagógica, profesión educativa, relación educativa, agentes de la educación, procesos, producto y medios de la educación, dedicándole a cada uno de estos temas uno de los siguientes ocho capítulos. Por último, se aborda el complejo tema de la pedagogía como disciplina científica con autonomía y la pedagogía general como disciplina académica que se encarga de la teoría, tecnología y práctica de la intervención pedagógica. La estructura interna de los capítulos (introducción, desarrollo y conclusiones) cumple además una importante función didáctica que facilita su lectura incluso, como ya hemos dicho, de manera independiente. Ante la imposibilidad de comentar el contenido completo de la obra en esta reseña, consideramos oportuno detenernos solo en algunos capítulos que, por su temática, son especialmente idóneos para afrontar críticamente algunas realidades
pedagógicas.
Un tema interesante para la reflexión pedagógica actual es el uso del eslogan educativo (ya sea como elemento reivindicativo y de protesta, o bien en su vertiente comercial). En el primer capítulo del libro, sobre el esclarecimiento conceptual del término «educación», se tratan estos temas al abordar las antinomias pedagógicas. En la actualidad es necesario reflexionar sobre este tipo de enunciados, máxime, cuando el sector educativo está tan influenciado por los medios de comunicación de masas que simplifican teorías, enunciados y problemas educativos. Además, en una época tan marcada por el marketing y el eslogan fácil, son muy acertadas las consideraciones que el profesor Touriñán hace al repasar la noción de «antinomias pedagógicas» (pp. 27 y ss.). Como indica el autor los lemas son enunciados aislados pero afirmados con seguridad y vehemencia que operan como símbolos que reúnen en una sola expresión ideas y actitudes clave de las teorías. Los lemas nacen como signo propagandístico de una teoría. Recogen aquello que más directamente puede causar impacto en la gente. Desde esta perspectiva, los lemas no son perjudiciales, pues cumplen una misión determinada: atraer la atención y simplificar una teoría. La peligrosidad surge cuando se consideran como doctrinas o argumentos literales de una teoría (p. 31).
Por otra parte, el desarrollo de ámbitos educativos presenciales y virtuales es otro tema importante, que se profundiza en el capítulo noveno. En realidad, las tecnologías digitales no constituyen solo «medios» sino ámbitos educativos reales, que es necesario valorar y (re)construir pedagógicamente, algo que implica reflexionar sobre su normatividad; o dicho de otra forma, estamos obligados a pensar e identificar qué rasgos determinan y cualifican como educativa una interacción en el ciberespacio, ya sean promovidas por humanos o por desarrollos tecnológicos basados en inteligencia artificial.
En efecto, los procesos educativos pretenden ser cada vez más innovadores e interactivos. Los espacios educativos se estiran y los tiempos se reducen. Cada vez se difumina más el espacio entre lo que se hace dentro y lo que se hace fuera del aula, entre lo presencial y lo virtual, lo sincrónico y lo ubicuo, etc. Sin duda, hay que tener presente que los medios no son neutrales y, por tanto, deben ser congruentes con las finalidades educativas propuestas. Las tecnologías encierran siempre una filosofía determinada, aunque en ocasiones, por su complejidad, pase desapercibida a la mayoría de la población. La tecnología impacta de tal manera en lo social que los procesos de cambio son globales y ecológicos, si bien el acceso a los mismos sigue siendo individual. La reflexión pedagógica sobre estos procesos es necesaria, sobre todo, cuando consideramos que los nuevos medios son también ámbitos donde la educación despliega toda su densidad.
Interesa recomendar especialmente hacer una lectura digital de estos apartados, sobre todo para comprender la necesidad de formación ético-cívica no solo como receptores-actores de los procesos digitales, sino también como investigadores implicados en los procesos de innovación tecnológica (tecnoética). Como indica el profesor Touriñan, en tanto que ámbito general de la educación, la «educación electrónica» es también educación en valores, esto es, «la experiencia virtual y la expresión digital y mediática constituyen un valor, enseñan valores y permiten realizar valores propios del concepto de educación (p. 787)». Pedagógicamente, no deberíamos perder de vista la densidad axiológica de ámbito virtual, arriesgándonos a eliminar también el potencial humanista y humanizador de las tecnologías.
El profesor Touriñán concluye el libro señalando que hoy tenemos conocimiento de la educación suficiente para determinar con autonomía el fundamento de las finalidades y de la acción pedagógica. Toda educación depende de nuestra actividad común, que debe ser determinada hacia la finalidad educativa (intencionalidad).
Con esa intención construimos ámbitos de educación e integramos las finalidades dentro de la orientación formativa temporal para la condición humana individual y social. Por tanto, la arquitectura curricular está pensada para desarrollar, desde la actividad y con los elementos estructurales de la intervención, competencias, etc., que nos capacitan para ser agentes —actores y autores— de nuestros propios proyectos vitales.
Juan García Gutiérrez ■

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