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Escámez-Sánchez, J. y Peris-Cancio J.-A. (2021). La universidad del siglo XXI y la sostenibilidad social (Ramón Mínguez-Vallejos).

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Escámez-Sánchez, J. y Peris-Cancio J.-A. (2021).

Resumen

Este libro es una apuesta decidida por el vigoroso y potencial compromiso ético que la universidad debería liderar fren­te al imparable proceso de degradación de la Tierra y la vida que en ella habita. Desde hace varias décadas, existe una no­table evidencia científica de que el futuro de nuestro planeta corre serio peligro: la amenaza de destruir la biodiversidad de la vida y el riesgo de ser destruidos. ,

No en vano, se constata un desasose­gado malestar y las encuestas de opinión pública nos lo recuerdan con bastante frecuencia, siendo el deterioro medioam­biental una de las preocupaciones más urgentes de la población mundial en este siglo. Y la universidad, como una de las instituciones impulsoras de un futuro me­jor, no puede no hacer nada y dejar que, en este asunto, las cosas sigan por tan pe­ligroso curso. ,

Las aportaciones recogidas en este libro son fruto ineludible de una visión humanis­ta e inspirada en un paradigma distinto de relación entre los seres humanos y la na­turaleza, lo cual implica un modo de civili­zación más amante, respetuoso y fraterno con la Madre Tierra. Inspirado en la Carta Encíclica del Papa Francisco, Laudato Si, se destaca en este libro la preocupación por el cuidado de la casa común, considerada como madre y hermana, con la que se com­parte la existencia; una casa maltratada que reclama mayor atención, junto a todos los excluidos y descartados de este mundo. ,

Desde esta perspectiva, el libro se cen­tra en tres escenarios básicos e íntimamen­te relacionados entre sí: la conservación de los recursos naturales para garantizar la vida, el desarrollo decente de los pueblos y la profunda brecha de desigualdad social. ,

En tanto que no hay dos problemas, uno humano y otro de abuso de los recur­sos naturales, sino solo un problema hu­mano-ambiental, los autores de este libro son conscientes de que se requiere una transformación profunda de nuestra men­te y de nuestro corazón, porque lograr un estilo de vida sostenible solo es posible en el marco de un nuevo sentido de interde­pendencia y responsabilidad mundial. ,

Ante la imperiosa necesidad de una sos­tenibilidad general que asegure un pacto social entre humanos y naturaleza, y por­que el asunto es tan grave que se torna cuestión de vida o muerte para ambas par­tes, en esta obra se opta por la ética norma­tiva como criterio general para determinar cuándo una acción es correcta y cuándo no lo es ante el clamor de la Tierra y de los empobrecidos en el actual contexto de in­certidumbre, diversidad y desigualdad. ,

Así pues, con voluntad de impulsar un cambio real en este momento tan decisivo de nuestra historia más reciente, los au­tores del libro van desgranando asuntos cruciales. Uno de ellos es ahora formula­do: ¿cuál es la misión de la universidad en este siglo y en relación con el medio am­biente? (capítulo 1). El profesor Escámez, en fructífero diálogo con los escritos de Ortega y Gasset, argumenta que la misión prioritaria de la universidad es formar personas en «ideas vivas», esto es, «el re­pertorio de convicciones sobre lo que es el mundo y los prójimos» (p. 22), incluyendo la valoración de lo que es más y menos es­timable. A fin de cuentas, una formación de profesionales que juzguen la cultura de su época histórica y deliberen si respon­den a sus necesidades vitales. Además, formar en una modalidad de ética nor­mativa (deontológica, consecuencialista o utilitarista) que promueva el bien común para ejercer su función de ciudadanos. Termina este capítulo estableciendo nue­vas líneas de investigación sobre la misión de la universidad en este siglo. ,

Muy ligado a este capítulo, el profesor Peris-Cancio plantea qué compromiso debe asumir la universidad respecto de la soste­nibilidad social (capítulo. 2). ¿Academicis­mo o apertura al desarrollo de las personas? Se trata de uno —quizá el más endémico— de los dilemas que perdura en esta hono­rable institución. En sus páginas se critica el excesivo ensimismamiento universitario, debiendo asumir el reto de abandonar el academicismo que abona la resistencia al cambio, como la imposibilidad de formar profesionales competentes a la altura de los tiempos. En cambio, su propuesta descan­sa en que la universidad está necesitada de determinar los valores, actitudes y conoci­mientos que deben configurar al universita­rio para su adecuado desarrollo profesional, así como la promoción de estudiantes «acti­vos, con habilidades de pensamiento crítico implicados en la transformación social» (p. 56). Se hace un llamamiento al rearme mo­ral de la universidad hacia la sostenibilidad social, orientado hacia el bien común de to­dos los que habitan este planeta. ,

El capítulo 4 está dedicado a los dere­chos humanos e inclusión social. Constitu­ye un marco idóneo, a juicio de sus autores, desde el cual se puede argumentar para resolver situaciones injustas y favorecer una mirada más atenta hacia los demás, no solo centrada en el yo, sino también procurando el cuidado de aquellas vidas en riesgo de precariedad y descarte. En este sentido, la universidad puede ser un espa­cio de deliberación racional para tratar con benevolencia y cuidado a todos los demás. Como ampliación del capítulo anterior, el número 5 se centra en postular que la uni­versidad debe contribuir a la formación de ciudadanos para sociedades vigorosamente democráticas. Si los derechos humanos son garantías universales e inalienables para todas las personas, el espacio democrático es condición idónea para deliberar y com­prometerse en la promoción y consecución de derechos fundamentales de la persona. Por ello, los conceptos de participación, ciu­dadanía y sociedad civil son analizados allí para comprender la necesidad de tejer redes sociales que sirvan de freno a agresiones y manipulaciones del poder económico y po­lítico. Capacitar para denunciar injusticias y favorecer el disfrute de derechos funda­mentales es una de las propuestas formati­vas para que los estudiantes universitarios aprendan y ejerciten la ciudadanía activa. ,

Cerraría la terna de los capítulos dedi­cados a cuestiones centrales sobre la misión de la universidad con el capítulo 9. En él se aborda el asunto de si la educación univer­sitaria debe dedicarse a cultivar «los valo­res de su comunidad política» o, en cambio, transmitir «los valores de la comunidad hu­mana» (p. 221). En el mismo título de este capítulo se divisa que sus autores se de­cantan por la educación de una ciudadanía cosmopolita. Se esgrimen razones que sus­tentan la idea de que, con motivo de la re­ciente pandemia, somos ciudadanos de una gran comunidad humana. Sin renunciar a nuestra identidad local, es preciso aprender a «reconocer la humanidad dondequiera que la encuentren; […] y estar dispuestos a comprender a la humanidad por extraños que sean sus disfraces» (p. 228). Concluyen con la idea de impulsar una política y una educación encaminada a «salvaguardar la unidad y la diversidad humanas: el tesoro de la unidad humana es la diversidad hu­mana, el tesoro de la diversidad humana es la unidad humana» (p. 242). ,

Los restantes capítulos se centran en problemas actuales directamente implica­dos en el logro de una sostenibilidad equi­librada. El capítulo 3 aborda el problema de las desigualdades como la raíz de la in­sostenibilidad con el riesgo de destruir los modos de vida humana y la vida misma del planeta. Desde la institución universitaria se debería promover una ciudadanía críti­ca que atendiera al desarrollo humano, a la reducción de las desigualdades y a la cons­trucción de un mundo más justo. ,

Por su parte, el capítulo 6 analiza el problema de la pobreza desde el enfoque de las capacidades humanas (M. Nussbaum). Este enfoque «no prepara solo para la vida, sino también para el trabajo» (p. 159), por lo que convierte el cultivo de las capaci­dades en uno de los objetivos centrales de los que debería ocuparse la universidad de este tiempo. Además, este enfoque contri­buiría a la disminución o, en su caso, a la erradicación de la pobreza, en tanto que capacitar es como dotar a todos de los re­cursos necesarios para llevar una vida dig­na, en condiciones de igualdad y respeto. ,

El siguiente capítulo está dedicado a analizar el fenómeno migratorio. Más allá de datos y de implicaciones sociopolíticas, se centra en los juicios valorativos de este fenómeno para desembocar en la propues­ta de líneas de acción formativas en la uni­versidad, optando por la interculturalidad, el cultivo de los derechos desde una ética universalista que reconoce los valores de igualdad, equidad, la conservación del me­dio ambiente, la formación del estudiante universitario en el diálogo para la convi­vencia multicultural, la responsabilidad moral contra todo tipo de exclusión (social, económica, cultural, de género, etc.) y el establecimiento de relaciones respetuosas con el medio natural y urbano (p. 188). ,

La última cuestión que se aborda en el capítulo 8 es la equidad de géneros en re­lación con la sostenibilidad y la dignidad humana. Destaca en este capítulo el inte­resante tratamiento a este problema social que está generando un cúmulo nada despre­ciable de violencia y desigualdad, elementos que deben ser tratados desde la universidad para generar un desarrollo humano sosteni­ble. Se formulan un conjunto de orientacio­nes que haría posible el avance oportuno de este asunto en la formación universitaria. ,

Cierra este libro con la síntesis de una investigación empírica en la que se des­cribe la realidad de un sector de la pobla­ción estudiantil universitaria. Es de gran interés acercarse a sus resultados. Desta­ca la percepción de que estos universita­rios poseen conocimientos básicos sobre la sostenibilidad, expresan un grado alto en la estima de valores éticos y asumen aquellas normas que se corresponden con la deseada sostenibilidad; pero se detec­tan desajustes en sus actitudes y habi­lidades, lo cual va asociado a un amplio sentimiento de indiferencia hacia la sos­tenibilidad o a participar en actividades comprometidas con la promoción del me­dio ambiente. ,

En conjunto, y sin ánimo de recortar el gran caudal de ideas y líneas de actuación educativas que aparecen entre sus páginas, te propongo, amable lector, que te adentres en su interior, porque se ha logrado dar a luz un brillante texto pedagógico sobre uno de los problemas más acuciantes de este siglo. ,

Hubiera sido muy enriquecedor aprove­char esta oportunidad editorial para abrirse a un emocionante debate con otras éticas y otras pedagogías que se alejan del marcado acento idealista que destila la ética norma­tiva y su correspondiente pedagogía. Quizá esto sea motivo de un nuevo reto. ,

Ramón Mínguez-Vallejos

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