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El profesor cosmopolita en un mundo global. Buscando el equilibrio entre la apertura lo nuevo y la lealtad a lo conocido.

Authors

Anna Pagès

DOI

10.22550/2174-0909.2943

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Hansen, D. (2013).
El profesor cosmopolita en un mundo global. Buscando el equilibrio entre la apertura lo nuevo y la lealtad a lo conocido.
(Madrid, Editorial Narcea). 168 pp.
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Resumen

En el contexto de un mundo globalizado, cuando las pequeñas identidades de tipo nacional se consolidan como reacción al anonimato y a la homogeneización, el profesor David Hansen propone a los profesores una idea concreta para pensar sobre la práctica educativa. Esta idea es el «cosmopolitismo», no como reacción sino como «respuesta», desde la reflexión mesurada, a la tendencia uniformizadora de la globalización. La tesis del autor plantea que el cosmopolitismo es una posibilidad intelectual aplicable a la práctica reflexiva de la educación hoy. Este concepto permite situar al profesor y la dimensión moral de su tarea en un mundo habitado por una pluralidad de herencias culturales en permanente conversación e interacción.

Este estudio, oportuno y prudente, publicado en Estados Unidos el año 2011 bajo el título The teacher and the world. A study of Cosmopolitanism as Education (New York, Routledge) y traducido ahora al español por Narcea, desarrolla un recorrido histórico y teórico por esta noción desde la perspectiva de la Filosofía de la Educación. Siguiendo la estela de Pierre Hadot, Hansen define la Filosofía como una modalidad del arte de vivir, enfatizando la dimensión moral que caracteriza a toda vida digna de ser vivida como tal.

La primera sección del libro, además de aclarar los conceptos básicos, plantea que el cosmopolitismo ha sido y sigue siendo una noción debatida (sobre todo en el marco de los Estados Unidos a partir de la década de los 80). Para Hansen, cosmopolitismo significa no únicamente una especie de melting pot de culturas, o una vida de viajes. El cosmopolitismo constituye una actitud hacia el mundo, dicho de otra manera, un modo de habitarlo. Con la finalidad de mostrar que el cosmopolitismo es más una actitud vital que un valor o que una costumbre, Hansen propone al lector un abanico de referencias de autores clásicos, desde Marco Aurelio, Herodoto, Epícteto, pasando por Ibn Khaldun, Ibn Battuta, hasta Montesquieu, Montaigne, Virginia Woolf y Dewey. Especialmente interesante para el lector español son las referencias a la ingente literatura norteamericana que ha tratado, desde otras disciplinas y campos de saber como la Economía o la Ciencia Política, la cuestión del cosmopolitismo.
Sin embargo, Hansen es un lector y un discípulo de John Dewey. Se inscribe en la genealogía y el rastro simbólico del autor de Democracy and Education de la que vamos a celebrar próximamente el centenario de su publicación en el año 1916. Dewey es el eje de la propuesta filosófico-educativa de Hansen. Su definición de cosmopolitismo en educación parte de la frase de Dewey que dice: «El interés en aprender de todos los contactos de la vida es un interés moral básico» El cosmopolitismo como contacto con la vida desde la perspectiva de su apertura al mundo constituye una posibilidad y un riesgo. La posibilidad de abrirse a nuevos mundos no conocidos, pero también el riesgo de olvidar la pertenencia al propio mundo, desde cuyo sentido simbólico y en cuya tradición cultural hemos sido educados. Un cosmopolitismo que no favorezca la articulación entre lo heredado y lo nuevo no puede ser definido como tal. La esencia de la actitud moral del cosmopolitismo, en el caso del profesor, debe reposar en dos principios básicos que David Hansen enumera del siguiente modo: «Una apertura reflexiva hacia lo nuevo y una lealtad reflexiva hacia lo conocido». La dialéctica constante entre lo nuevo y lo conocido es posible gracias a la bisagra de la reflexividad, que el educador es responsable de insertar en su experiencia de relación con el educando.

No se puede hacer cualquier cosa con lo que viene de fuera, hay que tratar este tema con cuidado. David Hansen es un autor que piensa con delicadeza, disponiendo las ideas, hilvanándolas y ofreciéndolas al lector despacio y sin precipitación. Profundiza en cada aspecto del tema central de su texto, presentándolo por capas y de forma progresiva. El lector atento disfruta con la lectura de este estudio porque ha sido escrito por un verdadero filósofo de la educación, capaz de atravesar la pregunta por el sentido de la práctica educativa desde la reflexión que la inspira.

Para David Hansen, el cosmopolitismo es la manera actual por la que el profesor se interroga acerca de la relación entre lo global y lo local: en lugar de dejarse llevar por las fuerzas de la estandarización y la homogeneización, descubrir en la particularidad de lo nuevo la posibilidad de una nueva pregunta por lo ya conocido. Hansen se aleja de lo que Gadamer llamará «fusión de horizontes», para aproximarse a lo que el mismo Gadamer denominó, refiriéndose a la experiencia del arte como inspiración, «una conversación libre». Esta conversación libre se llama «cosmopolitismo» y debe de ser explorada desde las múltiples facetas en las que cada profesor puede aplicarlo en la singularidad de cada contexto educativo.

El último capítulo es una invitación a que cada uno de nosotros sigamos investigando en este campo y compartamos nuestras experiencias hacia lo que Dewey llamó common understanding.

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