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The University in Translation. Internationalizing Higher Education

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Harris, Suzy (2011).
The University in Translation. Internationalizing Higher Education.
(London, Continuum). 144 pp.

Resumen

La profesora Harris realiza en este libro una incisiva crítica sobre el rumbo que la educación superior parece haber tomado en los últimos años en el contexto internacional. Su publicación tiene lugar en un momento histórico marcado por la incertidumbre y la convulsión social, pues mientras la tinta impregnaba las hojas de papel que se convertirían en las páginas del nuevo libro, las calles de Londres dejaban vacías las universidades por las protestas contra los recortes anunciados por el nuevo gobierno y los cuestionamientos del papel de la educación superior.

Comienza realizando un interesante análisis de los antecedentes que han contribuido a la configuración de la educación superior contemporánea, acudiendo a autores de imprescindible referencia.

Coincide con MacIntyre y Readings en situar al racionalismo kantiano entre los orígenes de la situación actual, e invita al diálogo con Humboldt quien cuestiona el desligamiento de Kant entre cultura y razón y promueve un concepto de educación superior enraizado en el concepto de formación (Bildung). Tampoco falta en el debate el clásico The Idea of a University, donde Newman concibe el conocimiento desde una perspectiva no simplemente utilitarista; y, junto a ello, son más que pertinentes las alusiones a Bernstein y Oakeshott, y a sus planteamientos sobre el valor extrínseco del conocimiento y su prominente lugar en la universidad contemporánea.

Puede subrayarse la originalidad de los ejemplos a los que acude para explicar sus argumentos, con frecuentes alusiones a su experiencia en puestos de responsabilidad política y docente que ayudan a reconocer la antesala de la situación actual en el contexto británico. Se sirve de la literatura para evocar el peso cultural del lenguaje propio para los pueblos y el avasallamiento humano que puede producir su ignorancia o el interés asimilacionista de una torpe homogenización. Y tampoco faltan las referencias bíblicas, especialmente las relacionadas con el relato de la Torre de Babel, que utiliza como metáfora de la pretensión actual de imponer un sistema racional de dominación universal basado en la cultura de la performativity.

En la segunda parte del libro se profundiza en la idea del valor cultural del lenguaje y la experiencia de la traducción desde varias perspectivas diferentes.

Destacaremos entre ellas la de la situación de los estudiantes internacionales en la universidad británica, que ejemplifica con claridad la vivencia de cambios que no cabe afrontar exclusivamente con el aprendizaje técnico del idioma, sino que abarcan dimensiones personales más profundas.

Cuestiona la preparación de las universidades europeas para acoger la creciente diversidad del alumnado internacional, y señala certeramente que la investigación sobre la materia no parece contribuir a profundizar en mejores estrategias que aborden las dimensiones de la experiencia intercultural, al situarse habitualmente en un ámbito meramente cuantitativo.

También de esta segunda parte, destaca el análisis del léxico usado en algunos de los documentos más representativos de la política educativa de la Unión Europea, donde se advierte un progresivo olvido de algunos de los principios vocacionales enunciados en el Memorandum del 91 y en la Charta Magna de las Universidades. Así pues, la empleabilidad y el crecimiento económicos han dejado de estar acompañados en textos posteriores –o lo que es peor, utilizados como artificios retóricos– del reconocimiento del valor intrínseco del conocimiento, la negación de la economía como único motor político, la autonomía e independencia universitarias o la vinculación enseñanza-investigación.

Las muchas consecuencias de tal situación son advertidas por diversos autores, de los que se hace eco la profesora Harris, que apuntan a una Europa erigida sobre un simplista concepto de ciudadanía basado en el consumo y a una política educativa carente de dimensión moral, la cual, ha sido sustituida por el criterio del rendimiento y una mercantilizada concepción de la excelencia. Según explica, el discurso de la Europa social ha dado paso al de las necesidades económicas y la competitividad, donde la educación se concibe exclusivamente como promotora del desarrollo económico y empresarial, y la cultura trata de avanzar a ciegas por haberse olvidado de sus raíces.

Advierte que el papel de las multinacionales es cada vez más influyente en las políticas internacionales, lo que ha motivado un necesario pero peligroso cambio en la concepción del aprendizaje. Esto ocurre con especial descaro en el caso del e-learning que parece cuestionar el papel del educador, a quien convierte en un mero técnico valorado por sus habilidades tecnológicas, y también en el concepto de aprendizaje permanente que empieza a sustituir sospechosamente al mismo nombre de la educación.

En concreto, es muy significativo que la deseada internacionalización de la educación superior se haya convertido en la estrategia de apertura cuyo único fin se limita a la competencia en el mercado global para la atracción de estudiantes internacionales.

Además, critica que el proceso de Bolonia abogue por una homogeneización que, pudiendo ser positiva al posibilitar la movilidad y promover el contacto de los estudiantes con la diversidad de Europa, toma un cariz perverso cuando de lo que se trata es de la traducción en un sistema educativo que solo entiende de competencias medibles y cuantificables.

Esto es, un monolingüismo propio de la política neoliberal dominante que se olvida del significado subyacente en un acto de simplificación no inocente de la realidad.

Propone aplicar la visión heideggeriana sobre la extensión del pensamiento tecnológico y la pérdida de significado producida en el cambio del griego al latín, a la situación de la política educativa internacional, cuyas consecuencias más inmediatas resultan en un olvido de las cuestiones sobre nosotros mismos y sobre los fines de la universidad, tras la supuesta seguridad que nos proporciona la eficiencia y la evaluación de la calidad.

Con Heidegger termina la segunda parte y comienza la tercera, sin duda, la de mayor contenido filosófico. En ella, la autora profundiza en el sentido de la traducción concebida como no sólo transformación lingüística dentro de la educación superior, sino que atañe a la naturaleza del significado. Inspirada en la tercera categoría de la relación pedagógica basada en el intercambio, la confianza y el amor, escudriñada por Steiner en Lecciones de los Maestros, realiza una lectura de la situación de la educación superior desde algunos de los planteamientos filosófico-políticos de Arendt y Heidegger.

Harris encuentra en las críticas de Arendt a la sociedad de mediados del siglo XX argumentos para cuestionar el modelo de la política educativa europea actual.

Entre los aspectos más notables pueden destacarse: la fuerza transformadora de la filosofía de la natalidad; la condición humana de apertura como contraposición a la promoción del aprendizaje individualista disfrazado de autónomo; la denuncia de una categoría científica de ver el mundo sustentada únicamente en la percepción sensorial que nos configura como simples espectadores de hechos y objetos medibles y cuantificables o basados en el what works; la capacidad de mantener una postura crítica frente a lo que se nos presenta homogéneo e inmutable como requisito de la educación universitaria.

Finaliza su análisis de la traducción incorporando a la discusión a Walter Benjamin quien subraya la íntima conexión del ser humano con el lenguaje y concibe la traducción como un aspecto central de nuestra existencia. Junto a él, acude a Scholem, Humboldt, Derrida y Thoureau para poner al lenguaje en su valor cultural e histórico y concebir la traducción más allá de la simple acomodación lingüística, que implicaría una neutralización del significado; pero también como algo más que la mera transformación, pues tiene que ver con la relación del individuo con los otros. Una relación mucho más compleja que la que se plantea desde la visión actual de la educación superior, basada en un léxico cerrado que bajo una aparente inocuidad condiciona y simplifica nuestra manera de pensar la educala relación educativa es abierta, inquietante e incierta, e implica una interminable apelación al educador para que repiense una y otra vez su visión del mundo y el discurso que utiliza para describirla.

Terminemos esta reseña con un último comentario y una sugerencia. Aunque el texto está escrito en inglés y se refiere principalmente al contexto británico, su lectura es también atractiva para el lector no anglosajón, gracias a las referencias al contexto internacional, pero también a las diversas alusiones a la cultura, idioma y universidad españolas, fruto del hondo conocimiento que de ellos posee la Prof.
Harris. La sugerencia tiene como objetivo motivar la realización de posteriores trabajos que tomen el testigo dejado por este libro y complementen la acertada crítica realizada con una propuesta de educación superior que evite los males detectados aquí y proponga una alternativa incardinada en los principios señalados por autores como Newman, Humboldt o Benjamin, y más recientemente por los rectores europeos en la Charta Magna, que deben constituir la esencia de la universidad de nuestro tiempo.

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