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Children's Drawings: The Genesis and Nature of Graphic Representation. A Developmental Study. Prólogo de Elliot W.Eisner

DOI

10.22550/2174-0909.2946

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Machón, A. (2013)
Children’s Drawings: The Genesis and Nature of Graphic Representation. A Developmental Study
Prólogo de Elliot W. Eisner.
(Madrid, Fíbula ediciones) 446 pp.
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Resumen

El libro del Prof. Antonio Machón sobre el Dibujo Infantil es un estimulante ejemplo de rigor y tenacidad en la investigación sobre un aspecto tan relevante del desarrollo infantil. A lo largo de muchos años, como expone en la Introducción, el autor ha ido recopilando, clasificando y analizando miles de producciones de dibujos de niños y niñas. Para poder llevar a cabo tan ambicioso objetivo tuvo que leer y contrastar, con sistematicidad, las diversas teorías existentes sobre el desarrollo del dibujo infantil. Y tales indagaciones le llevaron a elaborar su propia visión sobre este fascinante proceso, poniendo los logros de la representación gráfica infantil en el contexto de otras adquisiciones evolutivas de los niños. Se habla con frecuencia de la posición privilegiada de quienes viven en la frontera, de dos culturas, de dos lenguas, de dos países, de dos disciplinas, etc. Privilegiada porque proporciona una perspectiva que monolingües, especialistas y ortodoxos no pueden alcanzar. El autor tiene también una privilegiada posición para acercarse al tema.

Además de profesor universitario especializado en el dibujo infantil es un apasionado conocedor del arte contemporáneo y, muy especialmente, de la pintura. Desde esa dilatada, rica y excepcional experiencia ha visto siempre los dibujos infantiles con una dimensión que iba más allá de las expuestas tradicionalmente en las obras sobre el tema. Hay que felicitarle, y felicitarnos todos, porque finalmente se decidiera a compartir el resultado de tantos esfuerzos, teóricos y empíricos, publicando esta obra que está llamada a convertirse en un clásico del dibujo infantil. Su traducción al inglés hará de ella un referente aún más importante para quienes, desde disciplinas y actividades muy diversas, se interesen por el dibujo infantil.

El texto está organizado en seis capítulos, precedidos de una interesante Introducción en la que se exponen las motivaciones y objetivos del libro seguida de un brevísimo resumen de cada capítulo.

Aunque la obra estudia el desarrollo gráfico del niño de 1 a 7 años, el esfuerzo mayor se centra en los primeros 4 años y medio, el periodo más interesante e intenso ?y también el menos estudiado? de su desarrollo gráfico. En él tienen lugar la aparición de la representación gráfico-simbólica, junto a importantes logros en el de sarrollo de la mente y en el nacimiento de la inteligencia. Quizá vale destacar su visión de cada logro como el resultado de un proceso en el que el niño es siempre el protagonista de cada aventura. Precisamente por ello las etapas, y sus correspondientes referencias de edad, se pueden entender como los balcones a los que asomarse para poder percibir las discontinuidades en un recorrido que es, inevitablemente, continuo.

Procedamos a exponer un comentario de estos seis capítulos.

En una breve descripción de la génesis de la representación gráfica en los niños, el autor inicia el proceso con tres capítulos que muestran la búsqueda del orden, el descubrimiento de la forma y la aparición de la representación gráfico-simbólica.

1. La búsqueda del orden. En él muestra cómo el proceso del garabateo –que comprende 3 años de la vida del niño? constituye una larga e intensa investigación activa del niño en busca del orden gráfico y espacial. En este periodo aparece ya una primera modalidad representativa de naturaleza enactiva en la que el niño asocia los gestos y movimientos de la acción del dibujo a las acciones, movimientos y acontecimientos de la vida real. Son las representaciones grafico-motrices, que no son aún representaciones gráficas verdaderas, ya que es la acción –no el trazado? el elemento evocador de esas realidades exteriores.

2. El descubrimiento de la forma. Esta búsqueda culmina hacia los 3,03 años, con el encuentro, de la forma cerrada circular (y el segmento lineal) descubrimiento que despierta en el niño la noción de forma, naciendo así a la conciencia formal. Ahí concluye el garabateo iniciándose un nuevo período que llena el siguiente un año de la vida del niño (de los 3,03 a 4,03) al que el autor ha denominado como período de la forma.

3. La aparición de la representación gráfico-simbólica. El círculo, símbolo de la unidad y de la individualidad, viene a alumbrar, desde el plano de la experiencia gráfica, la oscuridad de la conciencia personal, convirtiéndose en la representación simbólica del YO. Esta noción de unidad e individualidad de la forma, es transferida al resto de los seres y objetos en tanto estos constituyen también unidades específicas (objétales y afectivas) segregadas del continuum temporal y espacial, dando lugar a una modalidad representativa de naturaleza simbólica, la primera de todo el desarrollo.

Las unidades formales comienzan entonces a cumplir la función de significantes o referentes gráficos de los contenidos del pensamiento del niño dando lugar a lo que el autor denomina representación gráfico-simbólica. Se trata de uno de los mayores y más trascendentales acontecimientos de todo el desarrollo, la más genuina y primitiva manifestación gráfica de la función semiótica que señala la psicología. Otras de sus manifestaciones, como el lenguaje o el juego simbólico, han sido objeto de mayor interés de los investigadores que la del dibujo. Y de ahí la importancia de este libro. Esta primera modalidad representativa, lejos de apoyarse en parentescos de naturaleza perceptual, nace del sentido simbólico de la propia forma.

En los otros tres capítulos restantes, el autor aborda la necesidad de estudiar por separado los procesos formales y los representacionales, la complejidad creciente de la representación gráfica y la supremacía de la visión en este proceso de representación.

4. Las dos vertientes del dibujo. A partir de aquí, propone el estudio por separado de los procesos formales y los representacionales ya que constituyen actividades que pertenecen a ámbitos distintos del psiquismo infantil. Desde este momento veremos cómo el niño decide en cada momento la vertiente por la que desea orientar su dibujo: experimentar con las formas en tanto formas, o bien utilizarlas para representar las imágenes de su pensamiento, aunque esta representación sea sólo de naturaleza simbólica. Ese centrarse en las formas tendría un componente lúdico y estético que se contrapone al uso de la formas como medio para representar las imágenes mentales.

5. La representación ideográfica. La combinación de las unidades entre sí da lugar a nuevas configuraciones, cada vez más complejas, que enriquecen el bagaje gráfico del niño y contribuyen a desarrollar su sentido estético. La familia y la escuela, interesadas sólo en la representación figurativa, suelen despreciar esta inteligente actividad investigadora infantil.

Pero el orden topológico de esta nuevas configuraciones comienzan a sugerir al niño los primeros parentescos de naturaleza estructural o configural con los seres u/y objetos, analogías basadas en nociones espaciales de naturaleza topológica, y no de contorno o silueta como suele proponer el adulto y la escuela.

El niño comienza a utilizar estas configuraciones para representar, de forma deliberada, a los seres y objetos de su pensamiento. Son los ideogramas, imágenes difíciles de interpretar formadas por la adición de unidades, a medio camino entre la abstracción de los símbolos y la figuración de los futuros esquemas.

6. El desarrollo perceptual y el protagonismo decisivo de la visión. La visión que, con el descubrimiento de la forma desplazó definitivamente al dominio del movimiento y la acción del garabateo, asume a partir de ahora (hacia los 4,03 años) el protagonismo del dibujo. Aparecen así las analogías de naturaleza perceptual iniciándose la representación figurativa en el dibujo, proceso lento que ocupará los próximos tres años de la vida del niño.

Concluyamos señalando que el libro es, sin duda, un tratado sobre el dibujo infantil.

Pero, como descripción y explicación del desarrollo, se convierte en una herramienta indispensable para la educación. Piensa el autor, con razón, que la metodología educativa ha de fundamentarse, necesariamente, en el estudio y conocimiento de los procesos.

Este trabajo constituye un esfuerzo serio y concienzudo en ese sentido. Se trata de un intento serio y original de explicar estos procesos y puede proporcionar, a todos los interesados en el dibujo del niño, una nueva visión amplia y profunda de su desarrollo gráfico.

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