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Unmasking school leadership. A Longitudinal Life History of School Leaders

DOI

10.22550/2174-0909.2965

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Sugrue, C. (2015).
Unmasking school leadership. A Longitudinal Life History of School Leaders.
(Dordrecht, Springer). 302 pp.

Resumen

Este libro realiza una profunda investigación sobre el liderazgo, que es, sin duda, uno de los temas más destacados en la investigación educativa internacional, hasta el punto de que hay una colección titulada Studies in Educational Leadership, que bajo la coordinación de Kenneth Leithwood ha publicado trabajos relevantes de diversos especialistas internacionales.
El autor de la obra que comentamos, Ciaran Sugrue, es Professor of Education del University College Dublín desde 2011, habiendo liderado con anterioridad el Centre for Commonwealth Education de la Universidad de Cambridge. Ha proyectado su investigación sobre liderazgo escolar, desarrollo profesional continuo y cambio educativo en contextos internacionales, colaborando con organismos como la UNESCO y el Banco Mundial. Destaca la actual codirección del proyecto: Formation and Competence Building of Academic Developers auspiciado por el Norwegian Research Council, en el que participan seis universidades de diferentes contextos.
En esta ocasión, el profesor Sugrue presenta un estudio longitudinal centrado en las historias de vida de 16 líderes escolares, en continuidad a su trabajo anterior Passionate principalship: Learning from the life histories of school leaders editado en 2005 por Routledge. La obra se estructura en cuatro partes, a saber: 1) Rhetorics, Realities and Research on School Leadership; 2) Career Trajectories of Primary Principals; 3) Policy, Practice & Principalship; 4) Sustaining Leaders, Sustainable Leadership: Future Directions. A su vez, cada parte se organiza en diversos capítulos.
Para esta reseña, se ha optado por seleccionar las ideas fundamentales y presentar el trasfondo conceptual que subyace al texto, antes que entrar en un análisis sucinto de cada capítulo, que a buen seguro excedería los límites de estas líneas.
Las páginas iniciales de la obra sintetizan la evolución de la investigación sobre liderazgo —el background conceptual— y la justificación del autor de la opción metodológica seleccionada, centrada en historias de vida a partir de un estudio longitudinal. Sugrue fundamenta su propuesta desde las aportaciones de Ball y Goodson, quienes sugieren que las historias de vida permiten capturar el trabajo de los docentes, al explorar la relación entre la cultura profesional y las vidas individuales. Así, la historia de vida es un método que genera relatos de acción, pero también sintetiza la genealogía de los contextos de trabajo y la evolución del sentido de la profesión (pp. 17-19).
Tras un marco contextual, conceptual y metodológico, el autor aborda las historias de vida de los líderes escolares considerando algunos temas relevantes. De entre todos ellos, destacaremos en esta reseña los tres siguientes: la formación del director, las relaciones interpersonales y la confianza relacional y, en tercer lugar, la importancia de cultivar la capacidad de liderazgo en la comunidad para facilitar la transición entre directores y generar estructuras de liderazgo sostenido.
Cuando se aborda el asunto de la preparación para desempeñar el rol del director, el autor indica que las fuentes de aprendizaje son de diversa naturaleza.
Por un lado, aquellas que podríamos denominar informales, entendidas como oportunidades casuales para aprender desde un enfoque personal y comunitario basado en el esfuerzo, auspiciadas por la necesidad y avaladas por un cierto voluntarismo para avanzar en la propia formación como director. Por otro lado, destacan los enfoques de naturaleza formal, que incluyen estrategias sistemáticas y formación acreditada para el desarrollo profesional.
El autor es crítico en este punto al señalar el sentido retórico de las políticas educativas, que dan valor e importancia a los roles y responsabilidades de los líderes escolares, sin corresponder con un adecuado apoyo sistemático para la preparación profesional que el ejercicio de la función directiva exige.
Ante la ausencia de preparación formal, los líderes optan por crecer en el papel —growing into the role— desde un enfoque prudente que asume el sentido de lo local y se orienta a lo más necesario para la escuela, dando así continuidad al legado del predecesor (pp. 89-90). Esta perspectiva conservadora facilita al director el logro de una mejor comprensión de su función y de sus responsabilidades con el tiempo. En este sentido, esta investigación pone de manifiesto que la limitada preparación formal trae como consecuencia que los directores noveles se plieguen al director anterior. Además, debido a la falta de preparación profesional el liderazgo se convierte en una extensión de preferencias personales, obviando un sentido más amplio de proporcionar liderazgo y ofrecer dirección. De hecho, este estudio muestra que la cohorte de directores más veteranos reconoce su crecimiento en el papel, que les movió a un sentido del liderazgo como extensión de la propia personalidad.
Del estudio de las diferentes cohortes, Sugrue destaca que a medida que el papel del director se vuelve más complejo el enfoque personal del liderazgo se desvanece en favor de un —scripted learning—, que podríamos traducir como aprendizaje con guión, más organizado, pautado y sistemático.
Sin duda, la formación del director es necesaria para que los líderes escolares no se sientan abrumados por sus responsabilidades.
Sin una adecuada preparación, sobre todo al inicio de la función directiva, es difícil qué los directores tomen posición, optando por un crecimiento en el papel.
Aunque esta investigación revela que los directores percibieron que el papel implicó más de lo que en un principio pensaban, la visión inicial que debe acompañar al director ha de centrarse más en transformar la comunidad escolar que en tomar el cargo.
Otro tema sustancial que trata este trabajo es el significado de las relaciones interpersonales en la práctica del liderazgo.
La evidencia de este estudio respalda la necesidad de mantener las relaciones interpersonales en el centro de las escuelas, a la vez que deja claro que preocuparse por las buenas relaciones, a menudo reducidas a mantener la paz o limar asperezas, puede ser necesario pero no es suficiente para la práctica del liderazgo exitoso.
Este estudio constata el laberinto de significados entre relaciones personales y profesionales, sobre todo cuando se acompaña de ausencia de preparación, que contribuye a la falta de claridad sobre el papel, la responsabilidad y el ejercicio del liderazgo.
Esta confusión trae como consecuencia la tendencia a privilegiar amistades personales.
En efecto, la falta de claridad sobre el rol y las responsabilidades del director y su responsabilidad parece contribuir a la búsqueda de la amistad como un medio de superar el aislamiento, a la vez que se desdibuja la responsabilidad principal del director.
El autor señala que debido a la falta de movilidad en el sistema y el aparente fracaso de alterar las estructuras fundamentales, los directores son en gran medida conservadores, tratando de cultivar y mantener buenas relaciones personales, privilegiando estas antes que las relaciones profesionales sólidas. Además, ante la ausencia de tiempo y espacio para la colaboración, tratar de no ofender y mantener la paz se convierte casi en un fin en sí mismo.
En tales circunstancias, asumir responsabilidades adicionales se convierte en un favor personal al director antes que una cuestión de obligación profesional.
Sugrue propone el concepto de zone of proximal distance para entender la complementariedad e interdependencia entre lo personal y profesional, debido a que las relaciones personales requieren una cierta proximidad, a la vez que lo profesional —de forma simultánea— exige cierta distancia. Dentro de esta zona de próxima distancia, resulta crucial la distinción entre comunicación y conversación.
Señala el autor que las auténticas conversaciones, que van más allá de las reuniones docentes, permiten construir confianza relacional. Así, el cultivo de la confianza relacional exige un cierto grado de distancia para el desacuerdo y la discrepancia profesional. La estima mutua que caracteriza la amistad debe ser diferenciada de la integridad y la obligación moral implícita en la responsabilidad profesional.
A nuestro juicio, la confianza relacional es el principal sustrato para que los valores, las creencias y la disposición personal y profesional interaccionen de modo dinámico, renovado y actualizado. Ante la ausencia de confianza relacional, un enfoque prudente del director es, sin duda, comprensible a la vez que limitado, en términos de ejercer y practicar un liderazgo auténtico.
Además, sin espacios y oportunidades para la colaboración y el desarrollo de confianza relacional compartida, es difícil generar estructuras que faciliten el liderazgo distribuido. Por ello, no es sorprendente que el compromiso con crear un equipo prevalezca por encima de la voluntad por construir la capacidad de liderazgo en la escuela. En este sentido, las cohortes de directores con menor experiencia participantes en esta investigación parecen estar más comprometidas con la formación de equipos y la colaboración, en lugar de conducir desde el frente, siendo ésta una predisposición general de algunos directores veteranos.
Si se pretende mejorar la capacidad de liderazgo de toda la comunidad, el autor propone apoyar a los directores en la re definición de sus funciones y responsabilidades como facilitadores del aprendizaje continuo de los equipos docentes. Sugrue argumenta, con acierto, que el liderazgo distribuido no significa que el poder del director se diluya o disipe, sino que se hace necesaria una mayor capacidad de liderazgo dentro de la comunidad escolar, y más allá de ella. De hecho, el autor destaca que la tarea más laboriosa para los directores es cultivar una confianza lenta, en diálogo con las aportaciones de Peter Gronn.
El tercer tema que abordaremos en esta reseña tiene que ver con la importancia de cultivar el liderazgo para promover la sostenibilidad en el tiempo y la creación de capital profesional. Se reflexiona en esta obra sobre lo poco apropiado que resulta que los directores se nombren de por vida, hasta que alcancen la edad de jubilación.
Esto no quiere decir que algunas personas no puedan ejercer las funciones de liderazgo hasta la edad de jubilación o incluso más allá, significa que la importancia del liderazgo para toda la comunidad escolar hace que sea necesario cambiar periódicamente con un impulso de renovación y revitalización en intervalos predefinidos.
Este estudio constata el amplio consenso sobre la duración limitada y determinada de un mandato, posiblemente entre 7 y 10 años, a la vez que argumenta que debería estudiarse la posibilidad de su renovación.
El autor valora como razonable que los directores exitosos sean llamados por otras escuelas, como sucede en algunos sistemas educativos.
Planificar la sucesión es una cuestión muy relevante, central para los responsables políticos. No es simplemente salir en el momento adecuado, sino preguntarse si hay mayor capacidad de liderazgo dentro de la institución, que ofrezca certezas para construir una educación sostenible en el tiempo y de calidad para todos. Este sería un legado perdurable, con propósito moral, que pone el aprendizaje en primer lugar: el aprendizaje del liderazgo y el de los estudiantes. De hecho, autores como Hargreaves, Fink y Fullan, Day y Gu, entre otros, han destacado que el liderazgo estable y sostenido construye capital profesional a largo plazo a través de cohortes enteras de maestros, creando comunidades de confianza.
El director exitoso no es aquel que trabaja más horas que otros directores, sino aquel que camina más por los pasillos de su escuela, que apoya a sus profesores y se preocupa por su formación, que interactúa más a menudo con los padres y los administradores externos y pasa más tiempo con los estudiantes. Pero esa participación interactiva, señala el autor, solo funciona con visión y dirección, con apoyo al desarrollo del profesorado y disponiendo de sistemas y procesos de gestión eficaces.
Siendo momento ya de concluir, conviene destacar que el enfoque metodológico presentado es novedoso respecto a la literatura sobre liderazgo educativo, donde encontramos numerosos estudios a gran escala a partir de aproximaciones cuantitativas. Además de novedoso, es un estudio oportuno por dos razones. En primer lugar, las historias de vida presentadas en este libro dan voz a las muchas caras del liderazgo que permiten la comprensión del mismo desde la práctica. En segundo lugar, es un estudio novedoso por el hecho de aportar una perspectiva longitudinal, que ofrece la evolución de las creencias, prácticas y vidas del liderazgo en el tiempo, a través de las cohortes de directores participantes.
Parafraseando al propio autor, con una idea sugerente que haremos nuestra, este estudio sobre historias de vida informa sobre el pasado a la vez que ilumina el presente, de tal manera que facilita la construcción del futuro, al proponer sugerencias para avanzar hcia un liderazgo exitoso desde el análisis de la propia práctica del liderazgo.

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