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Barraca Mairal, J. (2018). Aportaciones a una antropología de la unicidad. ¿Qué nos distingue y une a los humanos? (Aquilino Polaino-Lorente)

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Barraca Mairal, J. (2018).

Resumen

Si tuviera que sintetizar el elogio de este libro en solo tres características, me limitaría a destacar las que me parecen más relevantes: sencillez, brevedad y claridad. Es un texto muy fácil de entender, incluso por los no iniciados en la aventura de la antropología filosófica, dado la sencillez del lenguaje empleado; por su brevedad, en apenas unas horas es posible leerlo por completo; y luce la claridad —virtud atribuida a los buenos filósofos— en la exposición de los contenidos antropológicos más intrincados. ,

A mi parecer, hay dos dimensiones transversales a las que el autor se ciñe y que le hacen dialogar a lo largo de los variados once capítulos que componen esta publicación: la unicidad de la persona y lo que la une a sus iguales o la distingue de los que no lo son. Esto demuestra la honestidad del profesor Barraca y, cuando menos, el privilegio de haber sabido encontrar un título afortunado que hace justicia a su contenido. Porque estas dimensiones ya se explicitan en su título y subtítulo. De la pregunta por lo humano emerge un rosario de temas diversos y bien articulados (corporeidad, amor personal, relaciones humanas, lenguaje y comunicación, trabajo, cultura, creatividad, sufrimiento y felicidad), que remiten a la unicidad de la persona, a la vez que se ensamblan y subrayan bien esa diferencia que distingue a las personas. ,

A Barraca se le nota ese pedigrí de los docentes universitarios, que han impartido muchas horas de clase, y cuyos escritos —algo inevitable— tienen esa pátina de hacer sencillo lo que de suyo es complejo. Una nota característica muy de agradecer, especialmente en la actualidad, cuando la información icónica compite con la simbólica, en todos los escenarios. A pesar de no rehusar el abordaje de los problemas más controvertidos acerca de lo humano, el lector sale animoso y crecido. Tal vez porque su lectura le ayuda a tomar conciencia de lo mucho que todavía puede hacer con su vida, en tanto que universo simbólico, creativo, libre, responsable de sí, y abierto al encuentro interpersonal y a la donación-aceptación enriquecedoras. Sin la pretensión de ser exhaustivo en esta breve reseña, deseo destacar a quien opte por su lectura algunos de los temas que en sus páginas encontrará. Es posible que esta selección temática sea un tanto subjetiva. En todo caso, es la que a mí me ha cautivado: naturaleza y cultura, persona e instituciones, individuo y sociedad, socialización y singularidad, libertad y compromiso, soledad y amistad, vulnerabilidad y anhelo por ser más y mejor, contingencia y trascendencia. ,

Aquí, desde luego, no se ha buscado la confrontación entre estos términos, sino su integración. No se nos ofrece en sus páginas una exposición dialéctica en la que los problemas no se resuelven, las dificultades se multiplican y acaban por ofuscar la mente del lector en la espesura cegadora del humo vacío. Se trata, sobre todo, y más bien, de aportaciones —como se explicita en su título— y no de sustracciones o, lo que sería peor, de sembrar la confusión en los que tal vez tratan de enriquecerse con aquellas. ,

Un ejemplo emblemático de lo que se acaba de mencionar es lo que sucede con la metamorfosis social de los valores. Algo que hoy se produce de forma súbita y vertiginosa. No se trata de que «dejen de ser ellos mismos [los valores] verdaderamente reales y objetivos […]. Lo que cambia en este caso es nuestra percepción, un juicio de valor, acerca de determinado bien» (p. 101). Obviamente, ese cambio afecta al comportamiento personal. De ahí la relevancia del actual relativismo cultural. El autor critica también «la imposición, el sincretismo y la integración cultural» que inducen y condicionan la homogeneización unicultural, hasta «eliminar toda diversidad». La opción que se nos ofrece, por el contrario, es «el equilibrio enriquecedor entre lo global y lo local (global-local), entre lo universal y lo peculiar (lo común y la diferencia o excepción cultural), entre lo cercano y lo distante [porque] resultan cruciales para lo humano» (p. 110). ,

La razón de esto es que el ser humano es ‘esencialmente cultural’. Nuestra propia naturaleza o forma de ser es cultural. Así, oponer cultura y naturaleza humana supone ignorar su íntima vinculación, su interacción mutua y fundamental. Ni somos cultura privada de naturaleza ni naturaleza ‘a-cultural’ (p. 98). Barraca afronta el núcleo antropológico fundamental, sin rehusar enfrentarse a los contenidos más misteriosos y problemáticos, como el sufrimiento y la muerte. «El ser humano», escribe, se sabe mortal. […] De este modo, la significación de nuestro ser mortales cobra una intensidad muy honda. Ello obedece a que la muerte nos sitúa en relación con nuestros propios límites, y los límites de una realidad contribuyen a conocerla y definirla (p. 175). Este concepto positivo del límite contribuye a ampliar la racionalidad. Lo que es muy positivo para la persona, sin que por ello se precipite en un optimismo fatuo e ilusorio. Acaso por eso, sostiene que el ser humano no es tanto un ser para la muerte como para la vida, pues constituye un ser vivo y está hecho para desarrollarse, desplegar su existencia en el tiempo. […]. La experiencia de nuestra mortalidad connatural, vivida desde nuestro ser personal, no constituye una esterilidad o absurdo, sino que puede resultar fecunda (pp. 175). En este punto, el autor se pone en la perspectiva de Tomás Mann, a quien cita: «Medita sobre la muerte, pero sé amigo de la vida». ,

Para quienes acaso estén cansados de la excesiva sistematización y rigidez de los manuales académicos (que siguen un orden escrupuloso, more geométrico), esta publicación ofrece una ventaja insoslayable y digna de agradecimiento: la apelación a la soltura y agilidad. Tomemos, por ejemplo, algunos de los conceptos fundamentales que con mayor frecuencia surgen y vuelven a surgir en estas páginas como apertura, relación interpersonal o cultura. No es que comparezcan y desaparezcan del texto, como al parecer sucede con el curso del río Guadiana. ,

Los conceptos brotan y se incorporan, son soltura cuando el discurso o la argumentación así lo exigen. Tampoco son contenidos yuxtapuestos o añadidos al albur de una brillante ocurrencia. Sin solaparse ni perderse, ingresan o se desvanecen allí donde lo exige la sucesión demostrativa o argumental. Lo que da frescura y vitalidad a esta monografía. Los textos citados y las notas bibliográficas a pie de página son escasos, muy a propósito con lo que se está afirmando y, por consiguiente, necesarios o inevitables. ,

La editorial Dykinson ofrece un texto bien presentado y ha sabido elegir los tipos apropiados que invitan y hacen más fácil su lectura. Una monografía muy cuidada en la que es difícil encontrar alguna errata, lo que es de agradecer. ,

En mi opinión, apreciado lector, tienes entre tus manos un breve gran libro, que te puede aportar y enriquecer mucho personalmente. ,

Aquilino Polaino-Lorente

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