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Esteban Bara, F. (2018). Ética del profesorado. (Juan García Gutiérrez)

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Esteban Bara, F. (2018).
Ética del profesorado.
Barcelona: Herder. 152 pp.

Resumen

Se dice que la escritura tiene una dimensión terapéutica. A veces, también podemos decir lo mismo de la música o, en este caso, de la lectura. Entre las muchas cosas buenas que podrían decirse de esta obra, una de ellas es que se trata de un libro terapéutico. Un libro que recompone la identidad y la vocación del educador, tan fragmentada y denostada en esta época hipertecnologizada. Sin duda, es una lectura sanadora, reconciliadora, pero no fácil. No está escrito superficialmente, ni con palabras bonitas y fáciles que alegran el oído a quienes desempeñan esta profesión. Es una obra que nos recuerda que la educación es un riesgo. Emerge así una lectura que pone a salvo la vocación y la esperanza pedagógica (Day) y, sobre todo, la identidad, muchas veces resquebrajada, de quienes se arriesgan en esta aventura. Porque los profesores también necesitan, a veces, que se les rescate (como nos contaba Pennac de su experiencia como alumno). ,,

Por otra parte, consideramos oportuno advertir que no es un libro apto para influencers (ni youtubers, ni instagramers). En efecto, la educación es también una influencia pero este libro profundiza en otros tipos de influencia. Además, tampoco está indicado para superficiales de la acción educativa. Sin embargo, aquellos que se tomen en serio la educación encontrarán en sus páginas algo de bálsamo de fierabrás, capaz de restaurar su vocación e identidad educadora. ,,

En un tiempo de reivindicaciones y reconocimiento de derechos es fundamental, como afirma el profesor Esteban, reconocer el derecho que tienen las personas, sobre todo los jóvenes, a ser mejores de lo que son (p. 31). Facilitar este derecho es un deber moral, tarea de todos los educadores. Y justo de eso va esta obra. De analizar en profundidad cómo los profesores, de manera insustituible, colaboran con otros agentes educativos en esta tarea, en este «quehacer de convicciones» (que diría el profesor Ibáñez-Martín). Como buen pedagogo, el profesor Esteban ha escrito un libro muy visual sobre la índole moral dela profesión docente. Las reflexiones son ilustradas con ejemplos, citas, fragmentos de películas, etc. (casi, casi se trata de una verdadera narración ransmedia) que ayudan al lector a mirar y contemplar el acto educativo de formas diversas. ,,

Pero el libro no solo es capaz de describir y hacernos mirar incisivamente al acto educativo. Además, nos interpela para que lo hagamos de una forma crítica; nada acomodaticia ni conformista sino buscando la excelencia. La calidad, cantidad y oportunidad de las preguntas diseminadas a lo largo del texto hacen meditar y discurrir al lector, obligándolo a masticar mentalmente diferentes situaciones educativas. No dando nada por sentado, ya que cada momento, cada alumno es único y necesita una respuesta original, creativa y personal: «¿cómo respiran el amor los profesores que
enamoran?» (p. 33); «¿cómo enseñar algo sin apostar por nada?; ¿cómo enamorar a alguien si el profesor no está enamorado de algo?» (p. 104); «¿a qué se debe que haya personas que se sientan atrapadas por la educación?» (p. 22); «¿[la educación] está solo pensada para que las personas que acuden a ella obtengan un bien externo llamado título?» (p. 58); «¿qué hacer en comunidades moralmente plurales como de hecho son muchos de nuestros centros educativos?» (p. 65); «¿cómo es posible decir cosas que atraigan y deslumbren, cosas que remuevan la moralidad del alumno y no se olviden fácilmente?» (p. 124). ,,

El libro esta compuesto por cinco grandes capítulos o cinco grandes reflexiones. En el primer capítulo se presenta la educación como una experiencia vital, un acto que humaniza al alumno pero también al profesor (o al educador, en general). En este primer paso el autor se pregunta el porqué, que moviliza a esos profesores a querer influir en la vida de sus alumnos. En segundo lugar, se presentan dos hojas de ruta diferenciadas para educar. Dos enfoques difícilmente conciliables por el peso que, hoy en día, ha adquirido el primero de ellos. A saber, «aquel que ensalza la autonomía y la libertad moral del alumno y descuida el hecho de que ese alumno también es miembro de una comunidad moral» (p. 40). Una comunidad que genera una vinculación, también en términos de deberes, porque «solo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad» (art. 29.1, frecuentemente olvidado, de la Declaración Universal de Derechos Humanos). Y como profesores sabemos que la educación, justamente, tiene que ver con el desarrollo de esa plenitud personal. ,,

Los capítulos tres y cuatro pueden leerse como anverso y reverso de la misma hoja. Por un lado, se exponen algunos de los problemas, distorsiones y ruidos que generan determinado tipo de influencias. Los obstáculos (para la aventura humanizadora, ya que así se llama el capítulo) que hoy día tienen aquellos que quieren realmente educar(se). Por el otro, aquellas tareas que pueden acometer los profesores para contrarrestar esas influencias despersonalizantes: «acoger al estudiante» (p. 109); «crear petit paradis» (p. 116), un oasis pedagógico a salvo de la rutina; y transmitir «lo mejor de lo mejor» (p. 123). El último capítulo, «Invitaciones para la formación de profesores» quizá sea, por su efecto multiplicador, el más importante detodos. Como el profesor Esteban Bara indica, educar no es solo una profesión, de ahí lo importante que resulta añadir a la formación una buena dosis de «intangibles pedagógicos» (García Amilburu y García-Gutiérrez) que hagan del profesor un «artesano de la educación» (p. 134) y de las Facultades, lugares para propiciar encuentros creativos. ,,

Padres, abuelos, profesores de todos los niveles educativos y demás agentes educativos formales (incluso informales) estarán de acuerdo en que nunca antes la acción educativa ha presentado tantos retos, aristas y dificultades como hoy en día. De ahí la necesidad de que personas con esa vivencia educativa que destila el libro (y, por qué no decirlo, también erudición) sean capaces de compartirla. Además, uno de los aciertos del libro es, precisamente, su apuesta decidida por una idea práctica de la formación ética. El autor nos presenta una concepción de la plenitud humana comprometida; una plenitud íntimamente conectada con los otros («lo humano no puede desarrollarse más que en forma de cooperación», Humboldt dixit), con aquello que hacemos y, por lo tanto, con las virtudes que somos capaces de desplegar en nuestro proyecto vital. ,,

En definitiva, y para terminar esta invitación a la lectura de la obra del profesor Esteban Bara, ¿cómo cumplir con esta tarea que forma parte de la aventura humanizadora? En unas 140 páginas (que no caracteres) tienen material suficiente para atisbar alguna respuesta. ,,

Juan García Gutiérrez ■

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