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Aristotelian Character Education.

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Kristjánsson, K. (2015).
Aristotelian Character Education.
London: Routledge. 186 pp.

Resumen

La relevancia del libro que reseñamos aquí viene avalada por varios factores. Por un lado, cabe destacar la trascendencia que ha tenido en el ámbito académico, evidenciada en las diferentes respuestas recibidas en la Journal of Moral Education por autores como Curren, Miller o Lapsley, así como la publicación de un précis del libro elaborada por el propio autor, junto a la respuesta a los autores anteriores. Por otro lado, destaca la pertinencia de un texto cuya temática está recibiendo una atención creciente en muchos países de todo el mundo. En efecto, la educación del carácter está siendo objeto de estudio en los últimos años, como muestra del giro ético que, en palabras de Ibáñez-Martín, está presenciando la educación. ,

De hecho, aunque el título pueda parecer que nos está remitiendo a la historia de la educación en la Grecia clásica, una de las principales aportaciones del libro es su fuerte vinculación con la actualidad. El catedrático del Jubilee Centre for Character and Virtues de la Universidad de Birmingham es muy consciente del momento clave en que se publica este texto y, en consecuencia, escribe atendiendo a las necesidades del momento. Es por ello que tiene una naturaleza teórica, pero con claras aplicaciones prácticas, tratándose de un libro de filosofía de la educación con gran cercanía a la psicología y accesible a los educadores, pues si bien aborda cuestiones de calado, trata de hacerlo en un lenguaje accesible, claro, directo, con ejemplos de la vida cotidiana que facilitan su comprensión, sin quedarse en el mero ejercicio académico e intelectual. Este carácter filosófico es evidente también en el estilo de escritura, muy analítico y estructurado, y centrado en la refutación como método de trabajo. ,

Se trata de una defensa de la educación del carácter de base aristotélica pero actualizada –o, como el autor explica, reconstruida–, conforme a la práctica y evidencias contemporáneas, más allá de la mera interpretación de los escritos del filósofo griego. Toma como principio la consideración de los resultados de los estudios empíricos, entendiendo que el propio Aristóteles así lo haría si viviera en nuestro tiempo. ,

En el primer capítulo realiza un breve recorrido por el concepto de carácter desde la segunda guerra mundial, donde el pesimismo moral fue terreno abonado para acoger al modelo de Kohlberg frente al relativismo que parecía imponerse. No obstante, tras varias décadas de auge, esta visión racionalista cedió terreno ante lo que denomina el paradigma del niño emocionalmente vulnerable, que psicologizó el carácter y le privó de su contenido moral mediante conceptos como la inteligencia emocional. Según Kristjánsson, tras ello nos encontramos en la era de la plenitud del niño –flourishing child–, que pone la atención en el desarrollo humano en todo su potencial, incluyendo satisfacción subjetiva junto con criterios objetivos externos. Sirven también estas primeras páginas del libro para describir conceptos como carácter, virtud o la políticamente incorrecta noción de vicio, así como sus diferentes variantes, destacando aspectos como la necesaria concreción en cada una de las personas, la posibilidad de identificar un núcleo de virtudes que aparecen en la mayoría de los sistemas filosóficos y religiosos, así como la pertinencia de potenciarlas todas de forma conjunta. ,

El autor proporciona diez razones por las cuales Aristóteles está recibiendo una atención renovada en los educadores del carácter, que a la vez definen esta concepción: 1) base ontológica de realismo o naturalismo moral, 2) teoría detallada de la plenitud como fin último del ser humano, 3) reconocimiento del valor intrínseco de la plenitud humana, 4) lenguaje sobre la virtud accesible a educadores y educandos, 5) establecimiento de un punto medio en las virtudes que señala el objetivo, 6) lugar relevante otorgado a las emociones, 7) reflexión holística y crítica de las virtudes, 8) atención a la comunidad en la formación del carácter, 9) identificación de diferentes niveles de desarrollo moral que incluyen conductas, emociones y cogniciones, y 10) superación de la dicotomía entre educación moral directa e indirecta. ,

Avanzando al capítulo 2, expone una serie de mitos sobre la educación del carácter, tratando de rebatirlos mediante argumentos filosóficos y datos de estudios empíricos, así como partiendo de autores clave en la educación moral contemporánea, lo que demuestra su conocimiento experto en el ámbito. No mantiene, sin embargo, una postura dogmática, reconociendo en ocasiones algunas carencias de la educación del carácter que es pertinente subsanar, y en consecuencia postula su neoaristotelismo como una necesaria reconstrucción de los planteamientos del filósofo griego. ,

Estos dos primeros capítulos, de carácter introductorio, dejan abiertas varias cuestiones y problemas que se abordan en el resto del libro. El primero y, para Kristjánsson, el más importante, es el que alude a la evaluación de la educación del carácter. Sorprende en un filósofo una preocupación tan clara por la evaluación, lo que considera una necesidad para el fortalecimiento y continuidad de esta concepción educativa. Tras analizar minuciosamente y con un planteamiento crítico los métodos más comunes de evaluación, aboga por la combinación de estrategias que deben considerar tanto los clásicos pretest-postest con grupos de control, los autoinformes, la triangulación, los dilemas morales y los métodos de observación etnográficos, junto con otros más innovadores como el big data, el análisis lingüístico y la neurociencia. ,

El cuarto capítulo, quizá el más complejo del libro, se centra en el escasamente estudiado cultivo de la phronesis, el cual implica una contradicción, pues requiere un pensamiento crítico que se entrena en sus primeros momentos mediante la habituación irreflexiva. Su reconstrucción aristotélica defiende que la phronesis tiene una tarea muy compleja de organizar la vida buena que no puede reducirse a una mera adquisición de habilidades, pues requiere de una comprensión teórica profunda de lo que significa dicha vida buena de acuerdo con el conocimiento empírico de la naturaleza humana y su aspiración teleológica a la felicidad o eudaimonía. Por ello, defiende la necesidad de ambas cosas en la educación de la phronesis: habilidades que permiten afrontar situaciones particulares, pero también una visión teórica general que facilite el acceso a los universales. En consecuencia, concluye que la educación del carácter debe promoverse tanto transversalmente en todas las asignaturas como de forma específica en una concreta, ,

La pertinente pregunta sobre si la educación del carácter puede deshacer los efectos de una mala crianza es objeto de estudio del capítulo quinto. Frente al pesimismo aristotélico por la ausencia de habitación, Kristjánsson propone reconsiderar la prioridad de la vida contemplativa en un mundo imperfecto, lo que puede aceptar otros modos de vida más adecuados, como por ejemplo aquellos que consisten en ayudar a quienes se encuentran en situación de necesidad. Esta reconstrucción es conseguida con éxito por el autor partiendo de otras ideas aristotélicas que permiten admitir el cambio moral en la persona, al mismo tiempo que se mantiene su vinculación a la filosofía del peripatético. Entiende que es posible que quienes han tenido una mala educación adquieran una vida buena moralmente a través del contacto con modelos virtuosos y la reflexión sobre los fines de la vida humana. El proceso será duro y complejo, al descubrir la distancia que tiene que recorrer, y requerirá de una buena dosis de inteligencia y capacidad para pensar en términos abstractos sobre los fines de la vida humana. Es decir, podrá hacerlo mediante la contemplación filosófica y no solo con la prudencia, pues es necesario mirar más allá de la regulación de las virtudes. ,

En el sexto capítulo se aborda el diálogo socrático como método en la educación moral, respondiendo a las acusaciones vertidas sobre la educación del carácter por su supuesto desprecio a la relación dialógica. El lugar privilegiado que ocupa la phronesis en el pensamiento aristotélico y la necesidad de su cultivo mediante la interacción entre educador y educando son dos de los argumentos fundamentales que plantea el autor para cuestionar tal idea. Además, la noción aristotélica de la amistad también nos ayuda a discutir esta aparente dicotomía, pues la interacción y diálogo entre caracteres amigos maduros constituye un elemento que contribuye a la excelencia personal, o, en palabras del autor: «Friendship is thus an important, perhaps the most important, school of virtue» (p. 125). ,

La formación del profesorado ocupa el séptimo capítulo y, más concretamente, la dimensión moral de su profesión. ,

Advierte que, aunque esta dimensión es reconocida por los educadores, reclaman procedimientos para poder otorgarle valor educativo, pues sienten una inseguridad y carencia de recursos que no es atendida en su formación inicial. Mediante un provocador ejemplo de un profesor chino que huyó de la escuela para salvar su vida ante un terremoto, dejando a sus alumnos solos frente al peligro, plantea los riesgos de lo que denomina «constructivist-cognitive paradigm» en la concepción de la identidad del profesorado y de su dimensión afectiva. Como consecuencia de lo anterior, propone una medida que no está exenta de controversia y que consiste en tener en cuenta el carácter para la aceptación de candidatos en la formación del profesorado, lo que resulta conflictivo por las dificultades de evaluación expuestas por el propio autor en el tercer capítulo del libro. Junto a ello, recomienda que el carácter sea un tema central en la formación del profesorado, que supone un trabajo más reflexivo de autoconocimiento y una evaluación más crítica desde una perspectiva moral, y permite descubrir los valores que yacen en el propio carácter antes de aventurarse en la tarea de transmitir valores a otros. ,

El último y conclusivo capítulo se queja de la escasa consideración del carácter en las políticas educativas, dominadas por cuestiones como la gestión del aula y la adquisición de resultados. Afirma que para cambiar esta situación es necesario influir en los ciudadanos, pues en cuanto los políticos descubran que aquellos apoyan realmente concepciones como la educación del carácter, cambiarán sus políticas. Otro de los obstáculos más importantes que Kristjánsson encuentra es la carencia de un modelo satisfactorio de educación moral, aplicable y aceptado por la gran mayoría de educadores. Quizá sea demasiado optimista cuando formula cuatro condiciones que permitirían que esto fuera realidad: debería atender a las necesidades del momento actual, establecerse en un consenso político entre la izquierda y la derecha y ser apoyado por una teoría filosófica y psicológica. Según él, la educación del carácter reúne todas condiciones excepto la última, pues la psicología no constituye aún un apoyo firme a la ética de la virtud ni a la educación moral, debido a varias razones cuya responsabilidad es compartida entre educadores y psicólogos. ,

Entre las múltiples y ricas aportaciones de este libro, apenas recogidas aquí, voy a terminar destacando su visión optimista y esperanzadora de la educación. Una educación que, afortunadamente, ha recobrado el interés por las cuestiones morales, a lo que el autor contribuye ampliamente sentando algunas bases imprescindibles para que perdure en el tiempo. ¿Le acompañamos en esta tarea?
Juan Luis Fuentes

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