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El método socrático hoy. Para una enseñanza y práctica dialógica de la filosofía.

Authors

Ernesto Baltar

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Segura Peraita, C. (Ed.) (2017).
El método socrático hoy. Para una enseñanza y
práctica dialógica de la filosofía.
Madrid: Escolar y Mayo. 180 pp.

Resumen

El interés por la figura de Sócrates como modelo de actitud vital e intelectual y el análisis del llamado «método socrático» no han dejado de estar presentes a lo largo de toda la historia del pensamiento occidental. La reciente traducción al español de La muerte de Sócrates de Romano Guardini (Ediciones Palabra, 2016), así como la publicación de Sócrates, hoplita de la polis de Eduardo Esteban, Éloge de Socrate de Pierre Hadot, ¿Matar a Sócrates? de Gregorio Luri o Sócrates. La muerte del hombre más justo, dejan constancia de esa renovada vigencia. A esta conmemoración socrática permanente se incorpora ahora la edición de este volumen colectivo coordinado por Carmen Segura Peraita, profesora de filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. ,

Las nueve aportaciones que componen este libro confluyen en un objetivo común: estudiar las posibilidades de aplicación del método socrático en la actualidad, tanto en las aulas de secundaria y bachillerato como en el nivel de la enseñanza universitaria, así como en otros ámbitos de la sociedad (empresas, asociaciones, organismos públicos…). Se trata, por tanto, de reconstruir y actualizar la práctica del método socrático en un entorno que en principio se le presenta como abiertamente hostil, dada la obsesión utilitarista y pragmática que preside el mundo actual. ,

Al hablar de «método socrático» no se alude tanto a unas técnicas y procedimientos concretos que respondan a una idea unívoca y rigurosa (de hecho, no existe un acuerdo unánime sobre qué significa y en qué consiste) sino más bien a una actitud, a una manera de ver el mundo y de comprender la realidad. La ironía –el reconocimiento de la propia ignorancia– y la mayéutica –el arte de ayudar a dar a luz– serían los dos momentos fundamentales de esta disposición existencial que lleva al profesor a comprometerse con la educación moral de sus alumnos, fomentando su madurez intelectual mediante el diálogo, el autoanálisis y la reflexión. ,

En «Recuperar el método socrático en la educación contemporánea», Astrid Acha expone su experiencia personal en un colegio al intentar implantar el método socrático como profesora de la asignatura de Filosofía y Ciudadanía. Comienza explicando brevemente las dos fases del método en el contexto del aula: la ironía es una fase deconstructiva, negativa o de preparación que consiste en hacer preguntas al estudiante del tipo «¿qué es X?», cuyas respuestas van siendo refutadas por el maestro (las objeciones no se basan en decir lo contrario de lo que enuncia el alumno, sino en decirlo de un modo diferente) y cuyo objetivo es que este pueda reconocerse ignorante de algo que creía saber (en este reconocimiento de nuestra ignorancia o de los límites de nuestro conocimiento residiría la primera sabiduría verdadera, similar a la docta ignorantia de los clásicos); por su parte, la mayéutica es una fase constructiva, positiva y de indagación que «consiste en guiar las respuestas del alumnado hacia la definición universal mediante razonamientos inductivos» (p. 13), de modo que el maestro opera como orientador que enseña a los alumnos a avanzar por sí mismos. Si la primera fase se corresponde con la metáfora del pez torpedo, a la segunda le aviene la imagen de la partera que ayuda a dar a luz a los niños. ,

Las principales dificultades para implantar el método socrático en las aulas residen en el elevado número de alumnos, la escasa cercanía y confianza que existe entre el profesor y los estudiantes, el supuesto estatuto del docente como autoridad en plena posesión del conocimiento, las exigencias curriculares y la necesidad de evaluación de unos contenidos y de un temario concreto. Sin embargo, los profesores deben esforzarse por llevar a las aulas el afán de examinarse a uno mismo y a los demás, la búsqueda de la definición universal y la finalidad pedagógica de conformar buenas personas. El propósito último debe ser fomentar el pensamiento autónomo y crítico entre sus alumnos, así como propiciar su madurez intelectual y moral. ,

Desde una perspectiva eminentemente práctica, y situado en el contexto del asesoramiento o la consultoría filosófica, Dries Boele explica en «Los beneficios del diálogo socrático» el éxito que ha logrado en Holanda el diálogo socrático como forma de abordar en grupo temas como la responsabilidad, la confianza mutua o los valores éticos, ya sea con individuos particulares, en empresas o en la formación de profesionales. Comienza Boele explicando en qué consiste esta práctica y cuáles son sus resultados, después analiza la concepción de la filosofía en que se fundamenta y finalmente enumera sus principales beneficios. La conclusión final que extrae es que el diálogo socrático, cuyos lemas fundamentales serían «conócete a ti mismo» y «atrévete a usar tu inteligencia», puede considerarse un ejercicio de ética personal y una herramienta eficaz para desarrollar el arte de vivir. ,

En «El secreto del método socrático: fracasos y éxitos», Beatriz Bossi reflexiona sobre las habilidades (y debilidades) mayéuticas desplegadas por Sócrates en algunos diálogos platónicos como el Gorgias, el Banquete y el Fedro, con el fin de establecer en qué sentido pueden servirnos de inspiración en la tarea de enseñar. Su conclusión es la necesidad de atender no solo a la vertiente intelectual de los alumnos sino también a la emocional, de modo que el maestro demuestre que domina su arte de dar a luz no solo un discurso sino un nuevo modo de vivir. ,

Más allá de su carácter destructivo, ya ampliamente estudiado por Martha Nussbaum, Laura Candiotto analiza en «La antigua y la nueva vergüenza. El potente reconocimiento de la impotencia a través del diálogo socrático» el uso que hace Sócrates del sentimiento de vergüenza para lograr la purificación de sus interlocutores, y se plantea si se debería rechazar la imagen del profesor inspirada en Sócrates, viéndolo como un «profesor malo» que humilla a sus alumnos. Para ello se centra en el análisis de los sentimientos y el papel que la «inteligencia emocional» desempeña en cualquier proceso compartido de construcción del conocimiento. Desde la perspectiva del diálogo socrático, se podría reinterpretar incluso la compasión a la luz de la necesidad de convertir la vergüenza en una especie de amor al prójimo. ,

Por su parte, en «El uso del método socrático en el análisis de los textos» Juan José García Norro se propone «elaborar un procedimiento que facilite el aprendizaje activo y el descubrimiento por parte del estudiante de algunos de los contenidos que constituyen una materia de estudio» (p. 93). A causa del excesivo número de alumnos que suele copar las aulas, el trabajo oral tiene que ser necesariamente complementado por el trabajo con textos escritos, que muchas veces puede servir de labor previa para la reflexión y la posterior puesta en común durante el proceso de enseñanza-aprendizaje. ,

Entender el texto es solo el comienzo de esta labor; el alumno debe poner en relación aquello de lo que habla el texto con fenómenos y circunstancias de su vida cotidiana, comprendiendo que se está tratando de algo que le afecta (a pesar de la antigüedad del autor o de la aparente distancia de lo que cuenta); finalmente, se requiere que el estudiante tome posición respecto al tema tratado, que «arguya en contra o a favor de las propuestas del texto, que encuentre nuevas ilustraciones de lo que en él se dice, que aplique lo que recomienda a otras situaciones análogas, etc» (p. 99). El ejemplo práctico desarrollado paso a paso por el profesor García Norro sobre «La concepción de la democracia de la Atenas clásica» resulta enormemente ilustrativo. ,

En «Pregunta, purificación y temple de ánimo», Carmen Segura trata de definir la diferencia entre instrucción y educación, expone una reflexión sobre la naturaleza del diálogo y termina con una propuesta de práctica orientada al comentario de los textos filosóficos. Por su parte, José Sánchez Tortosa explica la puesta en marcha del «Proyecto Telémaco», un intento de aplicar las nuevas tecnologías al desarrollo del método dialéctico entre los estudiantes. Y Kristof Van Rossem expone en «Cómo dirigir un diálogo socrático», el caso concreto de su experiencia en la dirección y guía del diálogo socrático con estudiantes universitarios, definiéndolo como «una conversación en la que uno o más participantes investigan: a) la verdad de las afirmaciones de su propia experiencia o de la experiencia de otra persona, y b) el valor de los argumentos que se dan en esas proposiciones» (p. 140). ,

Por último, en «Preguntar cosas que ya se saben cómo son. Proceder socrático y enseñanza de la filosofía», Guillermo Villaverde López cuestiona la viabilidad de poner en práctica el método socrático en las aulas, si bien reivindica la figura de Sócrates como apoyo para introducir a los alumnos en temas importantes como: «a) en qué consiste la filosofía en general; b) en qué consiste la actitud teórica/científica, y qué relación hay entre filosofía y ciencia; c) en qué consiste la actitud moral, y d) en qué sentido el diálogo racional (el “juego lingüístico de la validez”) está relacionado con b) y c)» (p. 173). ,

En conclusión, el método socrático se revela en este libro colectivo como un potente antídoto frente a las visiones estrechas que reducen la educación a la mera instrucción técnica, pues persigue despertar en los estudiantes un verdadero y permanente deseo de saber, de tal modo que sean ellos mismos los protagonistas activos de su propia formación. Así, siguiendo la imagen clásica de la partera, el profesor se convierte en un mentor que acompaña y guía a los estudiantes y se compromete existencialmente en su formación integral y en su desarrollo moral, personificando la dimensión ética de la verdadera educación, puesto que, en último término, educar es enseñar a vivir.
Ernesto Baltar

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