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DOI

10.22550/2174-0909.1418

Resumen

En la trágica primavera del año 65, cuando el prestigioso Lucio Anneo Séneca recibió de Nerón la orden de darse muerte, Marco Fabio Quintiliano era todavía un joven desconocido. Sin embargo, no mucho tiempo después su nombre gozaría también de gran prestigio en los ambientes culturales de Roma, aunque no por sus escritos ni por su participación directa en la esfera política. Salvo una época de titubeo inicial, Quintiliano prefirió la sosegada actividad del profesor de retórica a la inquieta actividad del político, y si escribió algunas obras, fue siempre con la intención de ceñirse al ámbito profesional que había elegido. Su fama, por tanto, no residía en los mismos motivos que habían hecho de Séneca uno de los personajes más conocidos y admirados del Imperio. Más aún por ese particular modo de ver las cosas que tenía el intelectual de entonces, la figura de Marco Fabio parecía contraponerse enérgicamente a la de Lucio Anneo; retórica y filosofía, en el ambiente cultural grecorromano, se mostraban siempre dispuestas a destacar más sus puntos de contRaste que sus rasgos afines.

Estudio siguiente: Séneca y Quintiliano: dos enfoques diversos de la educación (II)

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