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Desarrollo sostenible: Problemáticas, agentes y estrategias.

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Murga-Menoyo, Mª. Ángeles.
Desarrollo sostenible: Problemáticas, agentes y estrategias.
(Madrid, McGrawHill) pp. 203.
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Resumen

Pese a ser uno de esos conceptos que más han calado en los discursos políticos, sociales, económicos y culturales de los dos últimos decenios, al igual que en los medios de comunicación, no crea el lector que el concepto de “desarrollo sostenible” haya recibido hasta ahora el tratamiento sistémico, serio y riguroso, que hubiera merecido. Abundan las referencias, los esbozos, las alusiones más o menos afortunadas y oportunas, las citas de pasada e, incluso, las interpretaciones interesadas y los abusos semánticos. Abundan los artículos que ponen en circulación y aluden continuamente al concepto, pero sin reparar si quienes los leen han llegado en verdad a entenderlo del modo adecuado.

Podría decirse que casi se da por supuesto que se entiende de lo que se habla, sin ser así. Estudios completos, coherentes, bien trabados y escritos, capaces de proporcionar al lector una visión en profundidad de una temática sin duda llena de complejidades, conozco muy pocos, pese a ser algo que me preocupa seriamente desde hace años. Y muchos menos todavía dirigidos al que considero ser el público clave en la difícil conquista de la “sostenibilidad creativa”, que, para mí, es el de los principales agentes y profesionales de la educación, es decir, el conjunto de seres humanos sobre cuyos hombros recae, de un modo u otro, la formación de las generaciones futuras.

De ahí que haya que darle una especial bienvenida a este libro de M.ª Ángeles Murga-Menoyo, en cuyas apretadas doscientas páginas consigue proporcionar esa visión completa y bien articulada que considero tan necesaria como escasa en el mercado bibliográfico. Una visión, además, que aúna el tratamiento casi exhaustivo de la materia con otras dos características envidiables, difíciles de encontrar juntas: una excelente exposición didáctica y altas dosis de amenidad, particularmente de agradecer cuando lo que se trata es de captar contenidos para nada elementales. Los ocho capítulos que componen la obra se estructuran de modo similar, presentando al principio los contenidos propios de cada uno de ellos, un cuerpo doctrinal abundante y bien fundamentado, referencias bibliográficas y selección de lecturas especialmente recomendables, un glosario amplio que ejemplifica bien la considerable panoplia de conceptos implicados o relacionados y, por último, los instrumentos metodológicos más oportunos para que el lector pueda apreciar el grado de comprensión que ha logrado alcanzar en cada caso.

A lo largo de los tres capítulos iniciales se abordan los que podríamos considerar como fundamentos del concepto mismo de “desarrollo sostenible” (que, en otras áreas geográficas o en boca de determinados autores hispanoparlantes, ha circulado a veces como “desarrollo sustentable”, a la vez que el término “sustentabilidad” viene a sustituir al de “sostenibilidad” preferido por la autora y por la mayoría de los tratadistas). Tras dedicar el primero de ellos al concepto básico y a sus limitaciones, e insistir en la importancia radical de la “equidad” como punto de arranque, el segundo viene reservado al estudio de los principales momentos en los que, a través de foros y cumbres internacionales, ha ido tomando cuerpo la temática; el tercero, por su parte, avanza la marcha hacia el “cambio global” y pone de relieve como, muy en primer término, el modelo energético constituye el corazón del problema.

Los dos capítulos siguientes se centran en las dimensiones económico-financiera y política (la toma de decisiones) de la problemática, y se mueven fundamentalmente, dada la naturaleza global de ésta (sin olvidar sus implicaciones glocales), en un complejo de redes, instituciones y perspectivas internacionales. Se llega entonces a lo que, para muchos lectores entre los que me incluyo, constituye el núcleo central del libro: la entraña educativa del “desarrollo sostenible”, estudiada primero a través de un marco general de entendimiento (capítulo 6) y después a través del modelo concreto de la Agenda 21 Educativa. El último capítulo constituye también, con toda propiedad, un tratamiento educacional de la problemática, haciendo ver cómo la clave de su correcta solución no reside sólo ni principalmente en medidas de gran alcance, o en toma de decisiones de arriba a abajo, sino más bien en la creación de hábitos de conducta personales, que empapen primero a las pequeñas “sociedades” en la que el ser humano se desenvuelve, para llegar después a resultados de más amplio espectro.

La autora desea terminar su relato de modo evidentemente esperanzado, optimista: “la fuerza de los datos es incuestionable y estos indican que, aun lentamente y con numerosos obstáculos, se están dando pequeños pasos en dirección a la sostenibilidad”.

Permítaseme terminar esta reseña dejando al lector una reflexión de carácter más personal, más relacionado con mis intereses académicos fundamentales.

Escribí al principio de estas líneas que el tema del desarrollo sostenible es algo que me preocupa desde hace mucho tiempo, y que por eso saludé la llegada de este libro con gran interés (como también hice con algún otro que le precedió no hace demasiado, debido a la pluma de María Novo).

Mucho tiempo atrás, cuando dediqué notable atención a lo que, a mi parecer, constituyó y todavía hoy constituye el alma de los sistemas educativos contemporáneos, llegué a identificar tres presupuestos básicos que, por influencia directa del pensamiento ilustrado, vinieron desde entonces a condicionar el comportamiento y el funcionamiento de estos sistemas: nacionalismo, desarrollismo y optimismo escolar. Me parece obvio que la preocupación hoy reinante sobre el desarrollo sostenible viene a corregir de modo sustancial aquella apreciación, hoy demostradamente defectuosa, de los enciclopedistas.

La meta del desarrollo, fundamentalmente económico y sin demasiada atención a sus límites, al que debía atender prioritariamente todo sistema educativo ha venido a demostrarse no sólo perjudicial al perfeccionamiento de la persona, de las sociedades humanas y de los recursos siempre generosos y siempre escasos con que contamos, sino incluso ineficaz, incapaz de traducirse en hechos tangibles y duraderos. Hoy se ve claro que es preciso corregir esa visión, tan atractiva como escasamente discutida en épocas no demasiado anteriores. El desarrollo integral de la persona humana, para el presente y para el futuro, exige una reconducción profunda de ese planteamiento.

Pienso que el libro de Mª. Ángeles Murga-Menoyo camina, con paso firme, en esa dirección.

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