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Resumen

Al valor le es esencial el orden jerárquico. Es una intrínseca exigencia su ordenación preferencial. El mundo del valor es un mundo en relieve, no horizontal. Elegir es anteponer unos valores a otros, es decidirse por, alguno. Preferir ser ingeniero o abogado, cumplir fielmente con mis deberes o violarlos cuando me ampara la impunidad decidirme por un tipo de espectáculo u otro es estar anteponiendo o posponiendo determinados valores y ejercitar nuestra personal escala. Nadie escapa a esta necesidad de resolverse por una determinada jerarquía. Cada pueblo ha definido su perfil en la historia por los valores que ha colocado en la cima y por los que ha dejado en segundo plano. Y también por los que ha despreciado. Eduardo Spranger en "Formas de vida" ha hecho una clasificación de los tipos fundamentales humanos en función de los valores que han predominado en su quehacer vital y nos habla del hombre teorético, económico, estético, social, político y religioso.

La Pedagogía no puede esquivar este tema tan profundamente humano y de tan plurales proyecciones educativas. Pero el que todos tengan su personal escala de valores, el hecho de su cotidiana inevitabilidad, nos lleva de la mano a su problema más grave: la escandalosa discordancia de valoradones en torno nuestro. Asomarse a la sociedad o a la historia es comprobar las más inconciliables preferencias. Todos creen en su propia valoración, todos pretenden defender o imponer su jerarquía. Hay una exigencia universal más allá de pretendidos relativismos, y una discordancia tan insalvable que pone en grave aprieto todas las teorías objetivistas del valor, y más en este punto crucial. ¿Podremos justificar un determinado orden preferencial? ¿O habremos de sucumbir al relativismo ante la imposibilidad de alcanzar una fundamentación que reclame nuestra aquiescencia? Y si logramos justificarla, ¿cómo explicar las discordancias irreductibles? Antes de resolver el problema de la jerarquía debemos atacar una cuestión previa. ¿En qué fundamentos ha de apoyarse la formulación de una tabla de valores? ¿Qué principios metódicos emplear para resolver este problema? ¿Esa jerarquía ha de ser deducida a priori de unos principios fundamentales, o ha de ser lograda inductivamente?

He aquí algunos de los interrogantes que la axiología ha suscitado y a cuyo esclarecimiento queremos contribuir. Veamos primero algunas de las clasificaciones que más resonancia han obtenida en el pensamiento moderno, donde el problema ha sido planteado con todo el afán de clasificar sus fundamentos, y resolverlo, en la medida de lo posible.

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